Querido David:
Atendiendo a la propuesta de Héctor, quisiera compartirte mis comentarios respuesto de tu respuesta al comentario de Héctor (nota para los amigos: Héctor Conde mandó una carta colectiva expresando su malestar por las declaraciones contra la UNAM hechas por cierto diputado del PAN, y David Calderón respondió con una carta citada arriba, y ésta es respuesta de esa respuesta)
I. a) Me parece que el problema al que Héctor alude no tiene que ver con la desproporción de gastos asignados a la educación superior, sino a la desproporción de gastos asignados a la educación (así, a secas), a salud y a cultura; desproporción que aparece al confrontar los gastos asignados a educación con los asignados a otras áreas (por ejemplo, seguridad).A ello apunta el comentario de Olivier Degreef, de UNICEF, publicado en La Jornada el día 12 del presente, comentario que sin duda conoces.
b) Pero, ¿qué revelan esos números, y cómo los hemos leído en relación a las declaraciones de nuestro amigo, el diputado Padilla Orozco? Pues los hemos leído con asombro e indignación, porque el nuevo ajuste de números nos lleva a preguntarnos por el proyecto de nación que hay detrás del presupuesto: ¿qué México se está intentando construir cuando se recortan 4 mil 500 millones de pesos a la educación y casi un 30% a la cultura? En ese contexto está la declaración de Carlos Monsiváis, de deliciosa ironía, publicada en La Jornada el día 8 del presente, y que me permito recordarte in extensu: "Creo entender la lógica de esa disminución considerable en asuntos de la cultura, que se corresponde con el aumento eficaz en las cuestiones de seguridad". Y luego, la ironía (reirse siempre sirve para mantener la cordura, y para mostrar las cosas que duelen y que deben ser criticadas):"En efecto, hace falta resguardar debidamente los conciertos, los cineclubes, las obras de teatro, las óperas, las exposiciones, las conferencias, las mesas redondas, los simposios y todo aquello que por ser uno de los bienes preciados de la nación necesita seguridad. Supongo que se quita el dinero a la cultura para dedicarlo a la protección de los asistentes a actos de cultura, lo cual me parece bien, porque lo que se quita por un lado se salva por otro". Pues, de otro modo, no se entendería por qué, en el discurso, Calderón dijo que educación y cultura serían prioridad nacional e inclinó la cabeza ante las recomendaciones de organismos internacionales (que proponen darle a educación por lo menos 1% del PIB, algo bastante razonable si pensamos en lo que del PIB destinamos para pagar deudas de bancos quebrados), y en la prácticadisminuye aún más el presupuesto de estos rubros, condenando a varios de ellos a la desaparición efectiva, a la muerte por hambre presupuestal.
c) En ese contexto más concreto (el del proyecto), han caído, a mi parecer, las infaustas declaraciones del legislador del PAN: defender el presupuesto asignado a la UNAM tiene que ver con la defensa de unos valores y un proyecto de nación (nacionalismo y latinoamericanismo, excelencia académica, vocación de servicio, investigación de los problemas de nuestra tierra, caracter popular, laico y gratuito de la educación)... Valores que, aun en crisis y necesitados de revisión, son\nnecesarios para pensar un México distinto al que nos ofrece la realidad ramplona de la realpolitik. La UNAM huele a PRI, a porrismo, a vasconcelismo, a populismo, a Estado de Bienestar "propiciador de crisis"; pero también huele a Estado comprometido, a educación para todos, a voluntad de conocer nuestros problemas para transformarlos, en suma, a Utopía (no de las que "no puede\nhaberlas en ningún lugar", sino de las que sirven para caminar, como dice Eduardo Galeano, porque iluminan el presente al ofrecernos imágenes nuevas y distintas de lo que puede ser). No necesito recordarte que, desde Carlos Salinas (por lo menos), los intentos de privatizar la educación pública y gratuita han comenzado siempre por la UNAM, y que ello ha sucedido no sólo por lo que ella objetivamente es, sino por lo que representa. Ahí está la parte subjetiva que explica por qué la defensa de la UNAM ha sido, de varios sexenios para acá, tan importante para nosotros; y allí uno entiende las razones subjetivas, valorativas, que hicieron durar tanto una huelga tan dolorosa, tan enloquecedora, como fue la de 1999.
d) Por ello, las declaraciones de nuestro querido legislador, con toda su rampante falta de información, fueron --en cierto sentido-- declaraciones buenas: permitieron ver claramente los prejuicios, odios, desprecios e inquietudes que hacen posible esa falta de información. Si el señor diputado tiene ya esa actitud hacia nuestra Universidad, es comprensible que no se tome siquiera el tiempo de leer los números duros que explican los avances y problemas de la UNAM (o, que si los conoce, los descalifique como "una invención del enemigo" o "exageraciones malintencionadas" --para decir burda y chistosamente algunas frases que he escuchado muy seguido los últimos días en boca de amigos y colegas que están de acuerdo con la actitud del sr. diputado, aunque le reprochen su falta de conocimientos a la hora de enunciar la crítica). La asunción de la mayoría de nosotros fue que la actitud vital de nuestro querido legislador respecto de la UNAM era una actitud más o menos compartida por el grupo político al que pertenece (asunción que me parece correcta). Y nuestra respuesta estuvo motivada en que, según parece, esos prejuicios, odios, desprecios e inquietudes no están sólo dirigidas hacia la UNAM en cuanto tal, sino a lo que la UNAM representa, para bien y para mal; al papel de la UNAM como ideal regulativo "utópico" que podría dar luces para pensar un proyecto de nación distinto al que hoy se quiere imponer. Así que no sólo se trata de decirle a Padilla Orozco que por favor se informe antes de opinar. Qué bueno que no se informó. Así le vimos la piel rayada al tigre.
II. En ese contexto, me parece preocupante que, a la hora de discutir el papel de la educación en el proyecto de nación que todos queremos, refieras a las autocríticas que como universitarios debemos hacernos, y luego refieras a la APPO: "Me preocupa que los universitarios no tengan presente las necesidades monumentales que hay de inversión en la educación básica. Difícilmente escuché indignación por la pérdida de clases en Oaxaca (...) Es claro que los niños de primaria no queman camiones". Discúlpame, pero no entiendo el sentido de lo que querías decirnos. Pareciera que, de modo inconsciente, estableces una especie de comparación entre los "indignados" por la reducción de presupuesto a la UNAM y los "no indignados" por "la pérdida de clases en Oaxaca", que "no se indignan" ante "la quema de camiones", es decir, que están de acuerdo con ella (¿quizá, que en parte participan en ella?). Date por favor cuenta de lo peligroso de esta comparación: es como decir que 1) los participantes en el problema de Oaxaca (la APPO) son "quemadores de camiones" que además "no son niños" (son una especie de fuerzas oscuras, por lo visto); que 2) los que "se indignan" por las declaraciones del sr. diputado respecto de la UNAM son, más o menos, los mismos que "no se indignan" por la quema de camiones; y por tanto, que 3) los que se quieran "indignar" por el ataque a la UNAM serán los mismos "aprobadores" de la quema de camiones (y quizá, también, los "quemadores de camiones" mismos). Es terrible esto que pareces dar a entender. Porque dos consecuencias serían que 4) probablemente, toda protesta contra el ataque a la UNAM será igual a la "quema de camiones" en Oaxaca, y que 5), probablemente, la mejor manera de afrontar estas protestas contra el ataque a la UNAM es la misma manera con la que se afrontaron las protestas en Oaxaca: la represión por parte del Estado. Es decir, que te quiero llamar la atención sobre un comentario aparentemente secundario de tu carta a Héctor, porque ese comentario revela, a mi parecer, una posición subjetiva peligrosa respecto del problema de la UNAM, que tendería a justificar una represión que aún no ha sucedido pero cuyo modelo ya fue probado en Oaxaca y a-probado en lo que acabas de escribir. Ni la APPO es igual a la protesta por el ataque a la UNAM, ni los protestantes por este ataque somos "quemadores de camiones" o "aprobadores de la quema de camiones". Dejo al margen una discusión, muy importante, que es la de lo que está ocurriendo en Oaxaca, que es mucho más que una "quema de camiones" por parte de 'fuerzas oscuras' que "no son niños". Basta escuchar los testimonios que valientemente ha pasado Carmen Aristegui en su programa de radio las últimas semanas. No sólo se trata de quema de camiones. Hay testimonios muy reales que hablan de pezones cortados, tortura psicológica y física, desapariciones de activistas, cargos inventados, juicios sin abogados. Hay un sufrimiento muy real, y un uso efectivo del Estado para reprimir violentamente un movimiento social…, que, como todo movimiento, no escapa a la red de intereses viciados de la política mexicana del momento, pero que también puede ser expresión de intereses justos, arraigados en la situación que le dio origen al mismo; y que, por tanto, debe ser escuchado sin satanizarse por su "quema de camiones
III. Dices: "El discurso de toma de posesión de Vasconcelos como rector es dolorosamente actual: en un país tan profundamente discriminatorio, tener cátedras de Iterpretación de poesía francesa es lamentable", y al hablar de los "gastos insensatos" de la UNAM ejemplificas con "tirajes de 6000 ejemplares de libros de poesía que no le dicen nada a la gente, y que se mueren de polvo y de incuria en las librerías de la UNAM... acabarán rematados de a tres pesos, años después, a las salidas de los metros".
Tu alusión al discurso de Vasconcelos me hizo sonreír porque me trajo a la mente otra anécdota, de cuando Vasconcelos mismo era Secretario de Educación e hizo imprimir su colección de clásicos universales, en tiraje masivo, destinados al pueblo mexicano que comenzaba a alfabetizarse en las grandes campañas de la SEP. Claude Fell cuenta la anécdota en su extraordinario Los años del águila (que, por cierto, fue publicado por la UNAM): Vasconcelos fue el centro de una agria polémica con los diputados de la época, que lo acusaban de gastarse el dinero de la nación en editar libros que nadie iba a leer y que además eran, en sí mismos, poco importantes si se los comparaba con problemas más 'pragmáticos' en ese momento enfrentados por México (hay un detalle chistoso: los muchos artículos polémicos que atacaban la decisión de traducir, por primera vez al castellano, una selección mayor de las Eneadas de Plotino, que era "un filósofo oriental" que "no tuvo apenas repercusión en la historia de la filosofía occidental"). Tú mismo comparas el momento de Vasconcelos con el momento actual, y quiero atender a tu propuesta para hacer lo mismo, y preguntarte si realmente crees lamentable tener cátedras de interpretación de poesía francesa en un país con tanta desigualdad como México, y si no suena parecido ese lamento al lamento de los diputados que se burlaban de la edición de Plotino. Y continuar con esa comparación, y llamar la atención sobre las consecuencias de la edición de Plotino y del trabajo vasconcelista, y postular luego que esas consecuencias podrían compararse a las que hoy tiene el trabajo editorial de la UNAM. Ello no quiere decir que estemos de acuerdo con el pésimo sistema de distribución de las publicaciones universitarias (un problema que también parece heredado de Vasconcelos). Esos seis mil ejemplares que hiperbólicamente convocas tendrían que estar en la calle, distribuyéndose, al servicio de una educación popular ligada a un proyecto de nación.
IV. ¿Cómo discriminar entre problemas? ¿Qué es más importante: editar un libro de poesía o financiar una investigación científica? Aventuro una respuesta por medio de otra pregunta: ¿no será, acaso, una falsa oposición esa que enfrenta la investigación científica y el libro de poesía? Y ¿es lamentable que, en un país como México, tengamos cátedras de interpretación de poesía francesa? Yo, precisamente, me dedico a la interpretación de poesía, no francesa, pero sí hispánica, y --aunque no la interpreto profesionalmente-- sí soy un asiduo lector de poesía latina (y aprendí latín gracias a que viajé desde provincia a la ciudad de México, y estudié en la UNAM). Y mi opinión de sujeto envuelto en el problema que planteas es que la poesía francesa y de otras partes ayuda efectivamente a disminuir el rezago social, aunque de manera distinta que el desarrollo efectivo de ciencia y tecnología (muy necesaria para que nuestro país salga de la dependencia económica). Cicerón lo decía de manera bellísima en su De Inventione (I. 36), cuando explicaba que un hábito (habitum) no es sino "un constante y absoluto perfeccionamiento del ánimo o del cuerpo en alguna cosa, como la percepción de una virtud o de algún arte, o cualquier ciencia e igualmente alguna conveniencia del cuerpo no dada por la naturaleza, sino alcanzada con estudio e industria". Desarrollar, en un país como México, el habitum de la lectura de poesía francesa (por ejemplo), es más que nunca necesario, porque ayuda a que los mexicanos cultiven su espíritu, y por medio de ello alcancen una perspectiva crítica que los haga dueños de su propio futuro, una perspectiva que es piedra de toque para emplear esa ciencia y esa tecnología, tan importante, en beneficio de todo el país (y no sólo de la compañía que financió el proyecto de investigación tecnológica). O, para decirlo con palabras que ya casi no se usan, las humanidades tienen importancia en el proyecto de nación porque su cultivo es combate eficiente de la dependencia cultural en que se apoya la dependencia económica.
Disculpa lo largo de mi respuesta. Te mando un saludo afectuoso, y otro a Héctor (que nos convoca), y a los amigos que andan por aquí,
Rafael Mondragón.