martes, enero 23, 2007

Lecturas nuevas

Últimas incursiones en la casa de la memoria (Además de Gelio y mis regresos a Emilio Prados, fray Luis de León, Leonardo Boff, Virgilio y Luis Paniagua, para un ensayo que estoy escribiendo):

  • Epopeya de Gilgamesh, rey de Uruk, ed. J. Sanmartín, Madrid, Trotta / Universitat de Barcelona, 2005.
El trabajo textual en el que está basada esta edición es sinceramente impresionante.
  • L. A. SCHÖKEL / J. VÍLCHEZ, Proverbios, Madrid, Cristiandad, 1984.
Lo que podemos esperar del gran Schökel: agudísimo sentido de la forma y el estilo, manejo excelente de bibliografía, y la mejor argumentación para que, al final, estés convencido de que la mejor respuesta a casi todos los problemas es la respuesta tradicional...
  • F. J. W. von SCHELLING, Bruno o sobre el principio divino y natural de las cosas, Barcelona, Folio, 2002.
Soy fan de Schelling.
  • D. BRAMON, Una introducción al islam: religión, historia y cultura, Barcelona, Crítica, 2002.
De una discípula de J. Vernet. Sólo me costó 50 pesos en la venta de bodega de la librería Gandhi.
  • A. HOURANI, La historia de los árabes, Barcelona, Vergara, 2003.
Mala cosa: no pude resistirme a la recomendación de E. Said, maliciosamente colocada en la portada de este libro.
  • M. WEBER, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, ed. F. Gil Villegas, México, FCE, 2003.
Es un intento interesante, muy riguroso, de lo que podría ser una edición crítica de un texto filosófico que está plagado de problemas en su transmisión (y su interpretación). Sin duda, lo que más se echa de menos es el trabajo crítico sobre el texto en su lengua original...
  • J. M. ROSELLÓ, La vuelta a la naturaleza. El pensamiento naturista hispánico (1890-2000): naturismo libertario, trofología, vegetarismo naturista, vegetarismo social y librecultura, Bilbao, Virus, 2003.
Libro pequeño e incitante, que también me costó 50 pesos en la venta de Gandhi.
  • W. SHAKESPEARE, Julio César, ed. M. E. González Padilla, México, UNAM, 1992.
Las ediciones de María Enriqueta tienen una anotación excelente, sobre todo en los aspectos de traducción, y son muy baratas; a pesar de sus muchos problemas, son en mi opinión las mejores ediciones de Shakespeare en lengua española (una razón más para estar orgullosos de nuestra UNAM).

(Además me regreseron el libro de BOTTÉRO, La religión más antigua: Mesopotamia y los bellisímos Recuerdos de un misionero en Siberia del ARCHIMANDRITA SPIRIDÓN; a ambos quiero regresar en cuanto tenga tiempo).

Y para la tesis:
  • M. ZAMBRANO / A. REYES, Días de exilio. Correspondencia 1939-1959, ed. A. Enríquez Perea, México, Taurus / El Colegio de México, 2006.
  • J. LEZAMA LIMA / M. ZAMBRANO / M. L. BAUTISTA, Correspondencia, ed. J. Fornieles, Sevilla, Espuela de Plata, 2006.
Por cierto, la Biblioteca Cervantes está digitalizando todos los títulos de la BAE (Biblioteca de Autores Españoles). Ya terminaron con los primeros dos volúmenes: nada menos que la obra completa de Quevedo. Los invito a leer sus traducciones de Séneca aquí.

(Me gustan los paréntesis).

Más comentarios sobre un debate

¿Se acuerdan de la polémica con David Calderón? Paco Conde dejó un comentario nuevo aquí. Los invito a leerlo.

martes, enero 16, 2007

El neoliberalismo y el precio de la tortilla

Magú lo ha dicho mejor que nadie:


La subida desenfrenada de los precios de tortillas (y maíces) ayudan a explicar de manera tan clara, tan sencilla, lo que es el neoliberalismo y la economía de libre mercado: el hambre más allá de la teoría, de las coyunturas electorales y las banderas con nombres y apellidos. Y es que en el debate en torno al precio del maíz se han mostrado las limitaciones de la izquierda y la derecha (institucionales): la primera no ha sido capaz de articular una respuesta coherente, integral, de lo que el Estado debería hacer frente a la embestida de los especuladores, además de criticar a los que sí tienen poder y no saben cómo hacer para sortear la crisis (¡es tan facil mantenerse siempre en la oposición, ser la consciencia crítica que no sabe/quiere/puede proponerse como alternativa en el poder!); y la segunda trata de hacer como puede para remediar los efectos de la subida de precios, sabedora de que poco puede hacer con las causas (que, por otro lado, ella misma contribuyó a crear). Ojalá las manifestaciones en contra del precio del maíz nos ayuden a avanzar en la creación de un espacio político que vaya más allá de los políticos profesionales (así dicen que se llaman).

Les comparto dos artículos luminosos que aparecieron la pasada semana en La Jornada:

Tortilla: la quiebra de un modelo
Luis Hernández Navarro

El alza en el precio de la tortilla ha puesto al descubierto la debilidad del Estado mexicano frente a los monopolios. Quienes controlan la comercialización e industrialización del maíz pueden organizar una corrida inflacionaria y salir impunes. El Ejecutivo no cuenta con armas para combatir en esa guerra. Las últimas que tuvo las entregó hace siete años.

La respuesta del gobierno federal ante el incremento ha sido lastimosa. Cierra unas pocas tortillerías y difunde su acción en los medios de comunicación como si fuera una ofensiva frontal contra el abuso y esas empresas las culpables de lo que sucede. Las acusa de no anunciar el precio de venta de su producto a la vista del público o de alterar las básculas. Lo cierto es que, más allá de que algunos de sus dueños se han aprovechado de la situación, ellos no son los responsables principales del aumento.

El Ejecutivo federal anuncia que próximamente va a permitir la importación de maíz blanco sin pago de arancel. Pero resulta que quienes van a adquirir el cereal son, en parte, los responsables del aumento, los mismos que controlan ya los inventarios. Y las importaciones van a golpear a los agricultores y campesinos del país, van a inundar el mercado con grano de mala calidad al tiempo que contaminarán sus sembradíos con variedades transgénicas y aflatoxina.

Por supuesto, la administración de Felipe Calderón calla la información sobre quiénes son los especuladores. ASERCA tiene un reporte detallado de ellos. Con la actual estructura de acopio y venta, en la que el gobierno federal subsidia la comercialización, cuenta con un informe preciso de quiénes tienen en sus bodegas el maíz. Sin embargo, esta alza no proviene, tan sólo, de la incapacidad del gobierno para intervenir razonablemente en los mercados. El menos interesado en que se presentara una crisis como ésta es el Presidente de la República. El incremento en el precio le abre un enorme boquete a su gobierno, ya de por sí necesitado de legitimidad. Ante la población más necesitada, ésta reprueba su gestión. De paso, abona el terreno para que la inflación crezca.

Más allá de los factores coyunturales que la precipitan, el incremento al precio de la tortilla muestra la crisis de la cadena maíz-tortilla diseñada durante los sexenios de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo. El nuevo modelo desmanteló, en nombre de la modernización, un esquema en el que el Estado regulaba el mercado a través de la fijación de precios de garantía y la regulación de las importaciones. Dejó a productores y consumidores inermes frente a las fuerzas del mercado, al tiempo que entregó el control del proceso a unas cuantas agroindustrias.

El anterior modelo estimulaba la producción garantizando a los agricultores un precio de garantía de su producto, proporcionando crédito y asistencia técnica. Para proteger los precios internos, el gobierno controlaba el grano que entraba al país a través de permisos de exportación. Conasupo acopiaba entre 15 y 20 por ciento de producción, y por medio de sus filiales lo distribuía a comunidades remotas que no tenían abasto suficiente. De esta manera se combatía el acaparamiento del cereal y se mantenía una reserva nacional para enfrentar adversidades y tiempos difíciles.

Simultáneamente vendía la tortilla a un precio subsidiado, primero a toda la población y, después, a los más pobres. Conasupo funcionaba como el principal abastecedor de la industria de molinos y masa nixtamalizada. El esquema permitía asegurar el control del precio de la tortilla, elemento central en un país con salarios muy bajos.

El nuevo modelo, apalancado con el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), buscó, según el entonces subsecretario de Agricultura Luis Téllez, "permitir una transición ordenada de recursos productivos de los cultivos tradicionales a los cultivos de exportación". Al mismo tiempo, impulsó la reconversión productiva para que los campesinos maiceros abandonaran esta actividad, concentrándola en 30 por ciento de los productores con mejores recursos.

Impulsó ­basado en un estudio de Santiago Levy­ la importación de maíz barato desde Estados Unidos, argumentando que beneficiaba a los consumidores pobres y a los trabajadores asalariados del campo y la ciudad. Fomentó el drenaje de la población rural "sobrante" con la promesa de integrarse al mercado de trabajo y programas de asistencia a la pobreza. Desmanteló Conasupo y entregó a Minsa, Maseca y Cargill el control de los mercados de maíz, renunciando a contar con un banco de granos capaz de garantizar el abasto de maíz en situaciones difíciles. Y, finalmente, acabó con los programas de subsidio a la tortilla.

Los resultados de esta política han aparecido nítidamente durante esta última crisis. Desde la entrada en vigor del TLCAN en enero de 1994 la tortilla ha incrementado su precio en 738 por ciento. Como resultado de ello, su consumo por persona ha disminuido. Este alimento es, además, de peor calidad.

El saldo es brutal. En los mercados reina la ineficiencia. La comercialización e industrialización del grano se han concentrado en tres grandes empresas. La alimentación de los mexicanos depende ahora mucho más de Estados Unidos. Las semillas criollas se han infectado con variedades transgénicas de importación. La migración rural ha hecho de muchas comunidades poblados desiertos, habitados por ancianos, mujeres y niños. Una parte sustancial de la producción de cereal se ha trasladado a zonas de riego, que deberían estar dedicadas a otros cultivos. Frente a otros cultivos, cuyos precios sufrieron una fuerte caída ante la apertura comercial, el maíz se convirtió en un cultivo relativamente rentable.

Sin embargo, no todo es sombrío en el panorama. A pesar de tener todo en contra y a contracorriente de las previsiones de los tecnócratas, los campesinos mexicanos siguen sembrando su milpa.



Cargill: "el maíz de sus tortillas"
Luis Hernández Navarro

Cargill nunca pierde en México. Cuando el precio de la tortilla sube hasta las nubes, gana. Si se importa maíz de Estados Unidos, se beneficia. Si, por el contrario, el cereal se exporta a otras naciones, recibe subvenciones. Cuando se licita el uso, aprovechamiento y explotación de terminales granaderos en puertos, se queda con ellas.

Cargill, fundada hace 140 años, es la segunda empresa privada más grande del mundo. Trabajan para ella 149 mil empleados en 72 países. La revista Fortune la ubica en el lugar 20 de las compañías más importantes del planeta. Se dedica a la compra, procesamiento y distribución de granos y otros productos agropecuarios. Se describe a sí misma en un folleto publicitario como "la harina en su pan, el trigo en sus tallarines, la sal en sus frituras. Somos el maíz de sus tortillas, el chocolate de su postre, el edulcorante de su gaseosa. Somos el aceite de su aderezo y la carne, cerdo o pollo que usted come en la cena. Somos el algodón de su ropa, la terminación de su alfombra y el fertilizante de su campo."

La trasnacional comenzó a tener presencia en México hace más de 80 años, cuando incursionó en operaciones forestales en el noreste. Dos décadas después recuperó sus actividades, ahora en el área agrícola. En 1972 inauguró su primera oficina en territorio nacional con seis empleados. El Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) primero, y la desaparición de Conasupo abrieron enormes huecos en el mercado nacional de granos que fueron ocupados por el gigante. Desde entonces, su presencia en la agroindustria mexicana es imparable.

El TLCAN establece que las importaciones de maíz estadunidense pueden requerir sujetarse a cupos establecidos cada año que, de rebasarse, deben pagar un arancel. Sin embargo, el gobierno mexicano eliminó unilateralmente esta protección, permitiendo el ingreso de mayores volúmenes de grano sin pago. Tan sólo entre 1994 y 2001, las importaciones fuera de cuota ascendieron a casi 13 millones de toneladas. Las grandes agroindustrias como Cargill y ADM vendieron la mayoría del maíz que México compró en Estados Unidos, beneficiándose enormemente de la importación del cereal sin pagar arancel. De paso, se beneficiaron del subsidio oculto presente en los créditos a la exportación que Washington otorga. Ana de Ita ha documentado ampliamente estas prácticas.

Los recursos destinados a los programas de pignoración, almacenaje, maniobras, flete y cabotaje para que la cosecha de maíz de Sinaloa (la más importante del país) sea trasladada a lugares remotos, así como para permitir su entrada al mercado de manera escalonada en el tiempo, han sido generosamente otorgados a Cargill. Cuando, como sucedió durante 2006, la trasnacional exporta cientos de miles de toneladas del cereal a otros países, el gobierno mexicano subvenciona el negocio.

Los productores comerciales de maíz blanco en nuestro país reciben por su producto un precio acordado con el gobierno llamado precio objetivo. Este es mayor al establecido en el mercado internacional más los costos de fletes y almacenajes desde la referencia de Nueva Orleáns hasta el punto de consumo en México (conocido como precio de indiferencia). Esta diferencia entre precio objetivo y precio de indiferencia puede fluctuar entre 450 y 500 pesos la tonelada, que paga el gobierno y no las empresas comercializadoras del grano, las cuales sólo desembolsan el precio de indiferencia. Cargill, como una de las más importantes acopiadoras del cereal, obtiene así, de manera indirecta, un importante subsidio.

En 2002 la Comisión Federal de Competencia autorizó a Cargill el uso, aprovechamiento y explotación de una instalación portuaria especializada en Guaymas, Sonora, junto con el Grupo Contri, cuya actividad preponderante son silos para el acopio, conservación, mantenimiento, almacenamiento y comercialización de toda clase de granos, principalmente trigo, maíz y sorgo. El gigante controla, además, el puerto de Veracruz, entrada principal de las importaciones graneleras.

Cargill tuvo un pequeño percance en tierras mexicanas, cuando en 2001 el Congreso aprobó un impuesto especial sobre producción y servicios (IEPS) a la fructosa (esdulcorante elaborado a partir del maíz). La trasnacional importaba cerca de 385 mil toneladas anuales del producto. El asunto se zanjó en tribunales comerciales internacionales. México perdió el pleito.

Señalada como una de las principales responsables del alza al precio de la tortilla, compró y almacenó 600 mil toneladas de maíz de Sinaloa a mil 650 pesos la tonelada, que meses después vendió en 3 mil 500 pesos. Ahora, con la liberación de los cupos de importación del cereal, para supuestamente bajar los precios, obtendrá un nuevo beneficio. Según Lorenzo Mejía, presidente de la Unión Nacional de Industriales de Molinos y Tortillerías, "los molinos no podremos importar y buscaremos los servicios de Cargill".

La empresa ha rechazado las acusaciones y ante la ola de indignación, negó ser "el maíz de sus tortillas". "Cargill ­expuso en un comunicado­ comparte con los consumidores, los industriales de la masa y la tortilla, así como con la industria pecuaria, su preocupación por el alto precio que el maíz ha alcanzado en las últimas fechas." Responsabilizó del incremento al libre mercado y aseguró que la adquisición del grano mexicano por parte de porcicultores nacionales originó presiones al alza.

La experiencia mexicana con Cargill da la razón a las declaraciones de Felipe Calderón en Davos. En las pasadas elecciones del 2 de julio en México ganó el libre mercado. Triunfó un modelo que permite la especulación con el principal alimento de la dieta popular, que orienta los subsidios públicos a las ganancias privadas, que auspicia prácticas monopólicas, que destruye la economía campesina. Resultó victorioso un modelo que hace de la devastación y el lucro su razón de ser.

sábado, enero 13, 2007

El machismo melancólico de Metelo Numídico (y no es albur)

Más maravillas de Aulio Gelio:


Noches áticas
I, vi (parágrafo 1)
Palabras de un discurso que Metelo Numídico [ja ja ja] dirigió al pueblo durante su censura, exhortándolo a tomar esposa, y por cuál causa fue censurado ese discurso, y de cuál modo fue, por el contrario, defendido.

Escuchándolo muchos y eruditos varones, era leído el discurso que Metelo Numídico, un varón grave y diserto, durante su censura pronunció ante el pueblo acerca de tomar esposa, exhortándolo a contraer matrimonio. En este discurso así fue escrito:

--Si pudiésemos vivir sin esposa, Quirites, todos estaríamos exentos de esa molestia; pero puesto que la naturaleza ha enseñado que no se puede vivir ni con ellas con suficiente comodidad, ni sin ellas en modo alguno, hay que resolverse por la conservación perpetua más que por el placer breve.

[Uno no puede dejar de pensar que el Senado romano se parece mucho a las cantinas mexicanas]

Así que "no podemos vivir con ellas, pero es peor aún vivir sin ellas", y somos muy predecibles. Y lo peor es que a veces ellas terminan teniendo razón, como la esposa de César, que le dijo que no saliera en los Idus de marzo y fue ridiculizada por su marido por histérica y miedosa (en Julio César de Shakespeare, que sigue la Vida de Julio César de Plutarco). Y todo ello trae a la mente las muchas anécdotas referentes a Fanny Mendelssohn, a la esposa de Sócrates (según Diógenes Laercio), a Camille Claudel, a la muchacha que siempre cabalga encima de Aristóteles en los grabados medievales, y a tantas otras mujeres ilustres... Pero dejémosle hoy aquí.

viernes, enero 12, 2007

Demóstenes habla como niña

Aulio Gelio es un sabio de finales del Imperio Romano que escribió un libro llamado Noches áticas: una especie de museo de anticuario que colecciona todo tipo de datos chistosos; la esperanza de Gelio era que, al leerlos, sus hijos le tomaran más gusto a los estudios de las artes liberales. Hoy le damos gracias a la flojera de esos hijos, porque de nos ser por ella nos habríamos quedado sin una de las mejores fuentes para reconstruir la vida cotidiana de Grecia y Roma; la mayoría de la gente escribe para ser recordada: se ocupa sólo de asuntos importantes, ideas elevadas, historias grandiosas. Pero Aulo Gelio colecciona las cosas pequeñas y triviales que nadie más tuvo la idea de consignar: conversaciones, discusiones gramaticales, citas de libros hoy perdidos, y sobre todo sus chismes, sus sabrosos chismes, que le dan carne, sabor, alegría a un mundo de mármol, a veces demasiado lejano (un amigo, Pepe Hernández, decía que Gelio era el Monsiváis de su tiempo, comparación que creo que le habría alegrado a Gelio y a Monsiváis).

***

Hoy disfrutaba de mi viaje metrobusesco, pegado a la ventana como mosca, pero riéndome como loco con la última anécdota de Gelio, a quien leo desordenadamente (de la misma manera en que él escribía). Se trata de una anécdota sobre Demóstenes, el respetable orador griego que intentó salvar la democracia ateniense (...y no pudo). Para entender mejor la broma, conviene recordar que el último de los cinco cánones de la enseñanza oratoria es el de la pronuntiatio: en él, el orador aprende técnicas teatrales que le ayudarán --según esto-- a conmover mejor a sus oyentes:

Noches áticas, I, v
Que el rétor Demóstenes fue insultado por el cuidado que le ponía a su cuerpo y su manera de vestir, y malmirado por su refinamiento; e igualmente que, a causa de refinamientos de este tipo y de sus gestos histriónicos al dar discursos, el orador Hortensio fue apodado con el sobrenombre de Dionisia, una bailarincilla

Se ha transmitido que Demóstenes fue de vestuario y demás atavío del cuerpo, espléndido, elegante y demasiado cuidado: de allí que aquellos "graciosos mantitos y suaves tuniquitas" le fueran para oprobio atribuidos por sus émulos y adversarios [eso viene de la famosa serie de peleas entre Esquines y D.]; de allí también que no se abstuvieran de palabras torpes e ignominiosas contra él, y de decirle que era poco hombre y también de boca manchada.

Del mismo modo, Quinto Hortensio, el más preclaro de casi todos los oradores de su edad, exceptuando Marco Tulio [Cicerón, of course], porque se vestía y se arreglaba la toga con mucha elegancia y circunspecta y compuestamente, y durante el discurso sus manos eran demasiado vivaces y gesticulantes, fue atacado con afrentas y reproches infamantes, y muchas cosas fueron dichas contra él, casi como contra un histrión [útil recordar que, en Roma, decirle a alguien actor era como insultarlo], en las mismas causas y juicios. Pero cuando Lucio Torcuato, un hombre de ingenio un tanto agreste y desagradable, cuando se defendía el juicio contra Sila ante el consejo de jueces, de manera muy violenta y acerba le dijo [a Hortensio] que ya no era un histrión, sino una pantomima y lo llamó "Dionisia", con el nombre de una conocidísima bailarinilla, entonces Hortensio, con voz suave y baja, dijo:

--Dionisia, Dionisia en verdad prefiero ser que, como tú, Torcuato, amousos (sin Musas), anaphroditos (sin Afrodita), aprosdionisos (sin Dionisio).

***

Próximamente en este blog, la anécdota de lo que Demóstenes le dijo a una prostituta que resultó demasiado cara, y la anécdota de lo que dijo el gobierno romano sobre la necesidad de soportar a la propia esposa.

miércoles, enero 10, 2007

Lo "clásico", la violencia y el silencio

Llevo algunos días en el naufragio de mi almohada, luchando contra la desazón de encontrar mis libros con manchas de sangre. Uno recuerda a Ernesto Sábato, con su aseveración terrible de que los libros son incapaces de detener las bombas... Comienzo un ensayo sobre Virgilio, que traigo atorado en la garganta; se trataría de la introducción a una edición de las Geórgicas, en la que estoy trabajando en mis tiempos libres. Inicio con una cita de Curtius que indaga en el hecho misterioso de que le llamamos "clásicos" a un montón de obras que ya no leemos. Quiero explicar que leer a Virgilio no debiera ser algo que se tuviera que hacer desde un pedestal y con el gesto fruncido; que un biólogo francés llamado Jean Giono (que es además un excelente ensayista) sobrevivió a una infancia miserable gracias a que encontró, de casualidad, un libro de Virgilio que le permitió descubrir el encanto de las cosas sencillas, a pesar de enfermedades y horas extras de trabajo; que un joven mexicano llamado Alfonso Reyes escribió (cuando era joven) un bello Discurso por Virgilio, donde usaba a las Geórgicas para hablar de temas entonces necesarios: la lucha por la pobreza, la necesidad de una reforma agraria y campesina, la necesidad de un proyecto de nación (¿sólo "entonces necesarios"?); que un místico de corazón de niño como Michelet supo hacer la Revolución Francesa gracias a su Virgilio, con quien creció "como sentado sobre sus rodillas". Me detengo y comienzo a explicar la etimología de "clásico": recuerdo que tenía algo que ver con los militares y con las clases sociales; recuerdo. Voy a mis libros. Clásico se usó con el sentido que hoy le damos en la obra de Aulio Gelio, pero ya estaba anticipado en Cicerón. Un clásico es un escritor que vale la pena imitar, meditar, leer. Aulio Gelio recomienda acercarse a los clásicos siempre que no sabemos si estamos escribiendo bien. Pero el término hace referencia a las clases sociales. Me revuelvo: voy a Friedlaender y a Momsen, y al final decido moverme a Tito Livio, y reinicio la Historia de Roma hasta llegar al momento mítico: el sexto rey de Roma, que pasará a la historia como "rey sabio", decide promulgar un código de leyes que protejan a los romanos más pobres: establece por vez primera un censo de todos los ciudadanos romanos, y en el censo divide a los ciudadanos en cinco"clases" o categorías, dependiendo de cuánto dinero tienen; el objetivo era proteger a los más débiles, y pedirles a los que tienen más dinero que aporten más en los impuestos y a la hora de ir a la guerra. Así comienza en Roma la separación formal entre "clases". Lo que el rey sabio no sabía era que esta separación formal ayudaría a crear una conciencia de la comunidad de intereses que compartía la clase más alta, que --a cambio del dinero extra-- pedirá mayor participación en las dirección del Estado. El rey sabio acepta, y reforma el sistema de votación en Roma: antes se trataba de que cada persona contaba con un voto, ahora se vota por sector y en consecuencia los votos de los más ricos cuentan más, proporcionalmente, aunque ellos sean pocos (es un poco más complicado, pero largo de explicar). Ello marca el inicio del gobierno de los ricos en Roma, el inicio de una historia que hoy conocemos demasiado bien. Con el tiempo, las personas de "primera clase" comenzarán a llamarse entre sí sólamente "de clase": ellos son los "clásicos"; Cicerón recomienda leer sólo a los autores que pertenecen a esta clase, los más educados; y cuando quiere poner a Demócrito por encima de los estóicos hace una burla terrible, comparando al primero con los clásicos y a los segundos con los de clases inferiores. Aulio Gelio mismo dice "que hay que leer a los autores clásicos y no a los proletarios" (Noctes Aticae XIX) (proletario no designaba, como en Marx, una clase social concreta, sino más bien a los que tenían tan poco dinero que no formaban parte de ninguna clase); Curtius, en su Literatura europea y Edad Media latina, comenta el pasaje de Aulio Gelio arriba citado, y muestra un eco del mismo en una declaración de Sainte-Beuve (un francés del siglo XIX que es algo así como el primer crítico literario). Le cedo la palabra a Curtius:
Cuando Sainte-Beuve discutió en 1850 la cuestión de qué cosa es un "clásico", lo que hizo fue parafrasear las palabras de Aulio Gelio: "Un escritor de valor y de marca, un escritor que cuenta, que tiene bienes de fortuna bajo el sol y que no se confunde entre la turba de los proletarios" [Y añade Curtius, con buena ironía alemana:] ¡Qué golosina para una sociología marxista de la literatura! (Literatura europea y Edad Media latina, t. I, pp. 352-353).

Es que nuestro léxico mismo está manchado de sangre: más allá de la pureza cómoda que algunos nos enseñan a añorar, la incómoda raíz de algunas palabras nos recuerda una y otra vez que el humanismo que hemos aprendido a amar está marcado por la violencia y el silencio, la injusticia sobre la que se levantan esos monumentos de cultura que --como decía W. Benjamin-- son al mismo tiempo monumentos de barbarie.

lunes, enero 01, 2007

Una cita que daría para un episodio de Los Simpsons

Todos conocemos la historia de Rómulo y Remo:
...Cuenta la fama que al retirarse la escasa agua [del río], dejando en seco el remanso donde los niños habían sido abandonados, una loba sedienta, desde los montes cercanos, encaminó sus pasos hacia donde se escuchaba el infantil vagido, y mostróse tan mansa que ofreció a los gemelos sus pechos y se puso a lamerles con la lengua, actitud en que la encontró [el pastor] Fáustulo (...) y los entregó a su mujer Larencia para que los cuidase... (TITO LIVIO, Ad Urbe Condita I, iv, 6, trad. Millares Carlo).
--Muy bien, Bart. Es una historia muy bonita...
(Pero el niño amarillo sigue leyendo en voz alta):
...No faltan quienes crean que a esta Larencia, por haber prostituido su cuerpo, la llamaban loba los pastores... (Ad Urbe, I, iv, 7).
(Pizarrón lleno con la frase: "no leeré cosas que no vienen en el plan de estudios").