miércoles, julio 21, 2010

Las metamorfosis de la dignidad

Ganímedes con su gorro frigio (obra de Bertel Thorvaldsen, 1817).


Para celebrar mi lectura de El eclipse de la fraternidad, uno de los libros más hermosos que me tocó conocer este año, quise poner aquí el enlace a un texto del mismo Antoni Domènech, autor del libro: para chuparse los dedos.

Pedro Henríquez Ureña y los gestos del pensar

No es una ilusión retórica comparar la obra de Henríquez Ureña a una función respiratoria (Xavier Villaurrutia).
Con José Vasconcelos y Diego Rivera. Fuente: aquí.


"Recuerdo que, en 1909, Pedro vivía en la calle de San Agustín, cerca de la Biblioteca Nacional. Mi casa estaba ubicada en Santa María, en la calle del Naranjo. Solía suceder lo siguiente: al finalizar una reunión, Pedro me acompañaba a casa. En el trayecto continuábamos charlando. Al llegar a los balcones de mi casa no habíamos concluido de expresar nuestras ideas. El camino lo recorríamos a la inversa. Ya en la casa de Pedro, éste me decía: “Ahora sí te encamino y regresa solo”. Estas conversaciones peripatéticas se prolongaban de las ocho de la noche a las cuatro de la mañana. Mi familia se preguntaba qué era lo que hacíamos Pedro y yo. Nos oían hablar durante cinco o diez minutos bajo los balcones de la casa. Después, enmudecíamos por espacio de dos horas. Por fin volvían a escuchar nuestras voces. En mi casa ignoraban que los silencios estaban destinados a caminar" (Martín Luis Guzmán).
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Después de como cinco años, por fin apareció publicado este artículo mío (¡yo pensé que no saldría nunca!). Estoy contento.