miércoles, diciembre 27, 2006

Mi polémica con David Calderón

Quiero compartirles un texto mío, que circuló en Internet los días pasados, a propósito de la tremenda situación que México está viviendo. Pero primero el contexto:
  1. En la primera semana de diciembre, el presidente Felipe Calderón tomó posesión y dio a conocer sus primeras propuestas de gobiernos. Todos sabemos el difícil contexto de la toma de posesión: una elección cerradísima, cuyo resultado final no quiso ser revisado legalmente, con visible participación por parte del gobierno federal en favor del candidato de la derecha, todo en medio de un clima de linchamiento orquestado desde el gobierno, los empresarios y las grandes cadenas televisivas, clima que duró casi dos años y contribuyó a una polarización de la sociedad, que hoy --en la revuelta magisterial de Oaxaca-- está cosechando nefandas consecuencias (para los lectores no mexicanos, les recomiendo el buen resumen de Ignacio Ramonet publicado en Le Monde).
  2. Pues, a pesar de todo, Felipe Calderón toma posesión el 1o de diciembre. En la primera semana de diciembre da a conocer su proyecto de presupuesto. En el mismo se han reducido sensiblemente los gastos a cultura (disminución del 30$), educación (1.2%, con énfasis en la educación pública y superior) y salud (alrededor del 80% en el presupuesto para tratar el SIDA, por ejemplo: véanse las notas en Milenio, 7-10 dic. 2006). No son los únicos temas importantes en el presupuesto, pero sí son temas que simbólicamente significan mucho: instituciones de excelencia anuncian que, de aprovarse tal cual el presupuesto, se les estará condenando a la muerte; hay furiosas protestas de artistas e intelectuales, que perciben en este presupuesto es el primer paso hacia la privatización de las instituciones culturales y educativas del Estado.
  3. El acabóse viene cuando, al día siguiente de anunciarse el recorte (9 de diciembre), la prensa decide entrevistar al diputado René Padilla Orozco, que es el coordinador del grupo parlamentario encargado de revisar el presupuesto enviado por la Presidencia, y que --como Calderón-- pertenece al partido de derecha, el PAN. Las preguntas van sobre todo por la opinión que al diputado le merece la drástica disminución de presupuesto para la UNAM, que es la mejor universidad de América Latina y representa mucho para los mexicanos por su caracter público, popular y masivo. El diputado responde que "qué bueno" el recorte. Los reporteros indignados se le van encima. Vean la joyita aquí.
  4. En ese contexto, mi amigo Héctor Conde nos envía una carta colectiva donde expresa su enojo por lo que está pasando, y adjunta algunas notas de correo sobre el tema.
  5. A la carta colectiva de Héctor responde David Calderón; a petición de Héctor, la carta de David se hace pública para que iniciemos, los que queramos, un debate sobre lo que está pasando en México. Les transcribo la carta, con la nota introductoria de Héctor:


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Estimados amigos:

Como ustedes recordarán, hace unos días envié un comentario sobre la reducción al presupuesto a la Educación Superior para el 2007. Ahora quisiera compartirles algunas observaciones que un amigo, David Calderón, filósofo y activista social, presidente de la Fundación A favor de lo Mejor, me ha hecho llegar.


Ojalá este sea el inicio de un fructífero diálogo.


Atte: Héctor Conde

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Estimado Héctor:

Ahora continúo con mi diatriba. Yo discrepo en cuanto
a la desproporción en el gasto asignado a la educación
superior. Me preocupa que los universitarios no tengan
presente las necesidades monumentales que hay de
inversión en la educación básica. Difícilmente escuché
indignación por la pérdida de clases en Oaxaca, o por
la falta de compromiso de los unamitas con el servicio
social comunitario. Es claro que los niños de primaria
no queman camiones, y que sus autoridades no tienen el
poder político de interlocución que sí tienen los
rectores de ANUIES. Hay una profunda injusticia en lo
que se destina a las universidades, y aún dentro de
ellas es cuestionable la marginación que se hace de la
investigación auténticamente científica o humanística.
El rebuzno del diputado es deleznable, pero la
autocrítica de los propios universitarios difícilmente
llega a verse a sí mismos como privilegiados. El
discurso de toma de posesión de Vasconcelos como
rector es dolorosamente actual: en un país tan
profundamente discriminatorio, tener cátedras de
interpretación de poesía francesa es lamentable. Creo
que se sacará gran provecho de un seguimiento estricto
del presupuesto educativo, será siempre bienvenida la
exigencia ciudadana de rendición de cuentas y de
propuestas creativas para la distribución de recursos
escasos, siempre con la conciencia que estudiar
humanidades en México es ya un lujo persa que sólo se
compensa cuando el humanista es también un luchador
social efectivo, sobrio y feroz consigo mismo.

Saludos,
David

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Estimado Héctor:
Gracias por tu apertura y escucha; si tú consideras que es adecuado, por supuesto que puedes compartirlo. Las últimas observaciones que tengo son:
a) Como efectivamente sugieres, los recortes no sustituyen un mejor sistema de recaudación. Y el gruso de la recaudación se escapa no en el comercio ilegal hormiga, sino en las mañosas contabilidades de las grandes empresas.
b) La UNAM tiene una pesada hipoteca social que poner a la luz. Me explico: además de gastos insensatos (tirajes de 6000 ejemplares de libros de poesía que no le dicen nada a la gente, y que se mueren de polvo y de incuria en las librerías de la UNAM... acabarán rematados de a tres pesos, años después, a las salidas de los metros) y de criterios cuestionables (¿se han fijado que muchos de los becarios de la Facultad, para estudios de posgrado, son de una extracción social privilegiada, o al menos sin necesidad de subsidio? En dichas condiciones, ¿la beca reduce, o más bien ahonda la brecha social, al premiar al ya de por sí privilegiado?), es claro que absorbe una proporción de presupuesto en unas condiciones mucho más favorables que el CINVESTAV del Poli, o que la Universidad Narro, sólo por citar a dos potencias internacionales en auténtica investigación científica.
c) Es claro que en este gobierno, tanto los miembros del ejecutivo como del legislativo no se caracterizan por su conocimiento y aprecio de la educación pública. Yo exhorto a los universitarios a verse un poco menos a sí mismos y a involucrarse con más profundidad en los problemas de la educación básica, como plataforma comunitaria indispensable para un mínimo de justicia social. Acaba de tomar posesión Axel Didrikson, profesor de la Facultad e investigador en el antes CESU y ahora IIESU, como nuevo secretario de Educación Pública del GDF; esperemos que su gestión lleve el sello de las inquietudes universitarias.

Un abrazo,
David

***

Así comienza la polémica. Al día siguiente de leer las cartas de David (15 de diciembre), decido responderle en una carta que también hago pública, y que a continuación transcribo:

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Querido David:

Atendiendo a la propuesta de Héctor, quisiera compartirte mis comentarios respuesto de tu respuesta al comentario de Héctor (nota para los amigos: Héctor Conde mandó una carta colectiva expresando su malestar por las declaraciones contra la UNAM hechas por cierto diputado del PAN, y David Calderón respondió con una carta citada arriba, y ésta es respuesta de esa respuesta)

I. a) Me parece que el problema al que Héctor alude no tiene que ver con la desproporción de gastos asignados a la educación superior, sino a la desproporción de gastos asignados a la educación (así, a secas), a salud y a cultura; desproporción que aparece al confrontar los gastos asignados a educación con los asignados a otras áreas (por ejemplo, seguridad).A ello apunta el comentario de Olivier Degreef, de UNICEF, publicado en La Jornada el día 12 del presente, comentario que sin duda conoces.


b) Pero, ¿qué revelan esos números, y cómo los hemos leído en relación a las declaraciones de nuestro amigo, el diputado Padilla Orozco? Pues los hemos leído con asombro e indignación, porque el nuevo ajuste de números nos lleva a preguntarnos por el proyecto de nación que hay detrás del presupuesto: ¿qué México se está intentando construir cuando se recortan 4 mil 500 millones de pesos a la educación y casi un 30% a la cultura? En ese contexto está la declaración de Carlos Monsiváis, de deliciosa ironía, publicada en La Jornada el día 8 del presente, y que me permito recordarte in extensu: "Creo entender la lógica de esa disminución considerable en asuntos de la cultura, que se corresponde con el aumento eficaz en las cuestiones de seguridad". Y luego, la ironía (reirse siempre sirve para mantener la cordura, y para mostrar las cosas que duelen y que deben ser criticadas):"En efecto, hace falta resguardar debidamente los conciertos, los cineclubes, las obras de teatro, las óperas, las exposiciones, las conferencias, las mesas redondas, los simposios y todo aquello que por ser uno de los bienes preciados de la nación necesita seguridad. Supongo que se quita el dinero a la cultura para dedicarlo a la protección de los asistentes a actos de cultura, lo cual me parece bien, porque lo que se quita por un lado se salva por otro". Pues, de otro modo, no se entendería por qué, en el discurso, Calderón dijo que educación y cultura serían prioridad nacional e inclinó la cabeza ante las recomendaciones de organismos internacionales (que proponen darle a educación por lo menos 1% del PIB, algo bastante razonable si pensamos en lo que del PIB destinamos para pagar deudas de bancos quebrados), y en la prácticadisminuye aún más el presupuesto de estos rubros, condenando a varios de ellos a la desaparición efectiva, a la muerte por hambre presupuestal.


c) En ese contexto más concreto (el del proyecto), han caído, a mi parecer, las infaustas declaraciones del legislador del PAN: defender el presupuesto asignado a la UNAM tiene que ver con la defensa de unos valores y un proyecto de nación (nacionalismo y latinoamericanismo, excelencia académica, vocación de servicio, investigación de los problemas de nuestra tierra, caracter popular, laico y gratuito de la educación)... Valores que, aun en crisis y necesitados de revisión, son\nnecesarios para pensar un México distinto al que nos ofrece la realidad ramplona de la realpolitik. La UNAM huele a PRI, a porrismo, a vasconcelismo, a populismo, a Estado de Bienestar "propiciador de crisis"; pero también huele a Estado comprometido, a educación para todos, a voluntad de conocer nuestros problemas para transformarlos, en suma, a Utopía (no de las que "no puede\nhaberlas en ningún lugar", sino de las que sirven para caminar, como dice Eduardo Galeano, porque iluminan el presente al ofrecernos imágenes nuevas y distintas de lo que puede ser). No necesito recordarte que, desde Carlos Salinas (por lo menos), los intentos de privatizar la educación pública y gratuita han comenzado siempre por la UNAM, y que ello ha sucedido no sólo por lo que ella objetivamente es, sino por lo que representa. Ahí está la parte subjetiva que explica por qué la defensa de la UNAM ha sido, de varios sexenios para acá, tan importante para nosotros; y allí uno entiende las razones subjetivas, valorativas, que hicieron durar tanto una huelga tan dolorosa, tan enloquecedora, como fue la de 1999.


d) Por ello, las declaraciones de nuestro querido legislador, con toda su rampante falta de información, fueron --en cierto sentido-- declaraciones buenas: permitieron ver claramente los prejuicios, odios, desprecios e inquietudes que hacen posible esa falta de información. Si el señor diputado tiene ya esa actitud hacia nuestra Universidad, es comprensible que no se tome siquiera el tiempo de leer los números duros que explican los avances y problemas de la UNAM (o, que si los conoce, los descalifique como "una invención del enemigo" o "exageraciones malintencionadas" --para decir burda y chistosamente algunas frases que he escuchado muy seguido los últimos días en boca de amigos y colegas que están de acuerdo con la actitud del sr. diputado, aunque le reprochen su falta de conocimientos a la hora de enunciar la crítica). La asunción de la mayoría de nosotros fue que la actitud vital de nuestro querido legislador respecto de la UNAM era una actitud más o menos compartida por el grupo político al que pertenece (asunción que me parece correcta). Y nuestra respuesta estuvo motivada en que, según parece, esos prejuicios, odios, desprecios e inquietudes no están sólo dirigidas hacia la UNAM en cuanto tal, sino a lo que la UNAM representa, para bien y para mal; al papel de la UNAM como ideal regulativo "utópico" que podría dar luces para pensar un proyecto de nación distinto al que hoy se quiere imponer. Así que no sólo se trata de decirle a Padilla Orozco que por favor se informe antes de opinar. Qué bueno que no se informó. Así le vimos la piel rayada al tigre.

II. En ese contexto, me parece preocupante que, a la hora de discutir el papel de la educación en el proyecto de nación que todos queremos, refieras a las autocríticas que como universitarios debemos hacernos, y luego refieras a la APPO: "Me preocupa que los universitarios no tengan presente las necesidades monumentales que hay de inversión en la educación básica. Difícilmente escuché indignación por la pérdida de clases en Oaxaca (...) Es claro que los niños de primaria no queman camiones". Discúlpame, pero no entiendo el sentido de lo que querías decirnos. Pareciera que, de modo inconsciente, estableces una especie de comparación entre los "indignados" por la reducción de presupuesto a la UNAM y los "no indignados" por "la pérdida de clases en Oaxaca", que "no se indignan" ante "la quema de camiones", es decir, que están de acuerdo con ella (¿quizá, que en parte participan en ella?). Date por favor cuenta de lo peligroso de esta comparación: es como decir que 1) los participantes en el problema de Oaxaca (la APPO) son "quemadores de camiones" que además "no son niños" (son una especie de fuerzas oscuras, por lo visto); que 2) los que "se indignan" por las declaraciones del sr. diputado respecto de la UNAM son, más o menos, los mismos que "no se indignan" por la quema de camiones; y por tanto, que 3) los que se quieran "indignar" por el ataque a la UNAM serán los mismos "aprobadores" de la quema de camiones (y quizá, también, los "quemadores de camiones" mismos). Es terrible esto que pareces dar a entender. Porque dos consecuencias serían que 4) probablemente, toda protesta contra el ataque a la UNAM será igual a la "quema de camiones" en Oaxaca, y que 5), probablemente, la mejor manera de afrontar estas protestas contra el ataque a la UNAM es la misma manera con la que se afrontaron las protestas en Oaxaca: la represión por parte del Estado. Es decir, que te quiero llamar la atención sobre un comentario aparentemente secundario de tu carta a Héctor, porque ese comentario revela, a mi parecer, una posición subjetiva peligrosa respecto del problema de la UNAM, que tendería a justificar una represión que aún no ha sucedido pero cuyo modelo ya fue probado en Oaxaca y a-probado en lo que acabas de escribir. Ni la APPO es igual a la protesta por el ataque a la UNAM, ni los protestantes por este ataque somos "quemadores de camiones" o "aprobadores de la quema de camiones". Dejo al margen una discusión, muy importante, que es la de lo que está ocurriendo en Oaxaca, que es mucho más que una "quema de camiones" por parte de 'fuerzas oscuras' que "no son niños". Basta escuchar los testimonios que valientemente ha pasado Carmen Aristegui en su programa de radio las últimas semanas. No sólo se trata de quema de camiones. Hay testimonios muy reales que hablan de pezones cortados, tortura psicológica y física, desapariciones de activistas, cargos inventados, juicios sin abogados. Hay un sufrimiento muy real, y un uso efectivo del Estado para reprimir violentamente un movimiento social…, que, como todo movimiento, no escapa a la red de intereses viciados de la política mexicana del momento, pero que también puede ser expresión de intereses justos, arraigados en la situación que le dio origen al mismo; y que, por tanto, debe ser escuchado sin satanizarse por su "quema de camiones



III. Dices: "El discurso de toma de posesión de Vasconcelos como rector es dolorosamente actual: en un país tan profundamente discriminatorio, tener cátedras de Iterpretación de poesía francesa es lamentable", y al hablar de los "gastos insensatos" de la UNAM ejemplificas con "tirajes de 6000 ejemplares de libros de poesía que no le dicen nada a la gente, y que se mueren de polvo y de incuria en las librerías de la UNAM... acabarán rematados de a tres pesos, años después, a las salidas de los metros".


Tu alusión al discurso de Vasconcelos me hizo sonreír porque me trajo a la mente otra anécdota, de cuando Vasconcelos mismo era Secretario de Educación e hizo imprimir su colección de clásicos universales, en tiraje masivo, destinados al pueblo mexicano que comenzaba a alfabetizarse en las grandes campañas de la SEP. Claude Fell cuenta la anécdota en su extraordinario Los años del águila (que, por cierto, fue publicado por la UNAM): Vasconcelos fue el centro de una agria polémica con los diputados de la época, que lo acusaban de gastarse el dinero de la nación en editar libros que nadie iba a leer y que además eran, en sí mismos, poco importantes si se los comparaba con problemas más 'pragmáticos' en ese momento enfrentados por México (hay un detalle chistoso: los muchos artículos polémicos que atacaban la decisión de traducir, por primera vez al castellano, una selección mayor de las Eneadas de Plotino, que era "un filósofo oriental" que "no tuvo apenas repercusión en la historia de la filosofía occidental"). Tú mismo comparas el momento de Vasconcelos con el momento actual, y quiero atender a tu propuesta para hacer lo mismo, y preguntarte si realmente crees lamentable tener cátedras de interpretación de poesía francesa en un país con tanta desigualdad como México, y si no suena parecido ese lamento al lamento de los diputados que se burlaban de la edición de Plotino. Y continuar con esa comparación, y llamar la atención sobre las consecuencias de la edición de Plotino y del trabajo vasconcelista, y postular luego que esas consecuencias podrían compararse a las que hoy tiene el trabajo editorial de la UNAM. Ello no quiere decir que estemos de acuerdo con el pésimo sistema de distribución de las publicaciones universitarias (un problema que también parece heredado de Vasconcelos). Esos seis mil ejemplares que hiperbólicamente convocas tendrían que estar en la calle, distribuyéndose, al servicio de una educación popular ligada a un proyecto de nación.


IV. ¿Cómo discriminar entre problemas? ¿Qué es más importante: editar un libro de poesía o financiar una investigación científica? Aventuro una respuesta por medio de otra pregunta: ¿no será, acaso, una falsa oposición esa que enfrenta la investigación científica y el libro de poesía? Y ¿es lamentable que, en un país como México, tengamos cátedras de interpretación de poesía francesa? Yo, precisamente, me dedico a la interpretación de poesía, no francesa, pero sí hispánica, y --aunque no la interpreto profesionalmente-- sí soy un asiduo lector de poesía latina (y aprendí latín gracias a que viajé desde provincia a la ciudad de México, y estudié en la UNAM). Y mi opinión de sujeto envuelto en el problema que planteas es que la poesía francesa y de otras partes ayuda efectivamente a disminuir el rezago social, aunque de manera distinta que el desarrollo efectivo de ciencia y tecnología (muy necesaria para que nuestro país salga de la dependencia económica). Cicerón lo decía de manera bellísima en su De Inventione (I. 36), cuando explicaba que un hábito (habitum) no es sino "un constante y absoluto perfeccionamiento del ánimo o del cuerpo en alguna cosa, como la percepción de una virtud o de algún arte, o cualquier ciencia e igualmente alguna conveniencia del cuerpo no dada por la naturaleza, sino alcanzada con estudio e industria". Desarrollar, en un país como México, el habitum de la lectura de poesía francesa (por ejemplo), es más que nunca necesario, porque ayuda a que los mexicanos cultiven su espíritu, y por medio de ello alcancen una perspectiva crítica que los haga dueños de su propio futuro, una perspectiva que es piedra de toque para emplear esa ciencia y esa tecnología, tan importante, en beneficio de todo el país (y no sólo de la compañía que financió el proyecto de investigación tecnológica). O, para decirlo con palabras que ya casi no se usan, las humanidades tienen importancia en el proyecto de nación porque su cultivo es combate eficiente de la dependencia cultural en que se apoya la dependencia económica.



Disculpa lo largo de mi respuesta. Te mando un saludo afectuoso, y otro a Héctor (que nos convoca), y a los amigos que andan por aquí,

Rafael Mondragón.

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Así están las cosas en México, queridos amigos...

3 comentarios:

eduardodegortari dijo...

Pues te doy toda la razón. Sabes que pienso excactamente lo mismo, aunque mis modos son menos diplomáticos. Creo que lo que este señor no entiende es algo muy básico: Pensar es Resistir. Así de simple. El país mejora si la cultura mejora. Y que , por cierto, eso de los tirajes de 6000 ejemplares es algo chistoso, pues si la UNAM hace ediciones de 6000 ejemplares pero para los libros que le cuestan a la UNAM 3 pesos hacerlos, los cuales vende en 12 pesos por lo general, así que en realidad es igual que si hiciera 1000 ejemplares de un best seller en una edición más cara. Cuando la UNAM hace ediciones de mayor cosot el tiraje se reduce mucho. Rara vez se pasa de los 2000 ejemplares, y sólo se llega a esos niveles de enta si el libro es, por así decirlo, un best seller poético. Por otro lado los fondos que salen para la editorial de la UNAM salen, en buena medida de los fondos que recauda la UNAM poir si sola. Hay que recordar que la UNAM junta más de mil millones de pesos anualmente através de su equípo de futbol, las patentes que le pertenecen y demás negocios que tiene.
Por otro lado, pero por supuesto que nos duele el bajo nivel de educación básica. En lo personal no gusta que los niños de Oaxaca no tengan clases, por la razón que sea, porque, como ya lo dije, Pensar es Resistir. Además son cosas que no tienen que ver ninguna con la otra.

Gracias por compartir tu coraje Rafa. Definitivamente, es una trizteza que existan "intelectuales" como Enrique Krauze, e intelectuales como los de la diatriba que aquí fue comentada que sean de derecha. ES una lástima, simplemente. Estoy seguro de que vendrán cosas mejores si luchamos por eso. Un abrazo. y perdón por poner Sergio Mondragón, estoy muy apenado.

J. Roberto Cruz-Arzabal dijo...

Mi querido Rafael, ante una demostración tal de información y buen uso de la retórica y la lógica no puedo sino estar de acuerdo contigo en la mayoría de los puntos. Sin embargo, sí hay algunas opiniones con las que me gustaría amenizar la conversación.
Sin duda David Calderón se fue de la lengua y en un, digamos, desliz lingüístico dejó ver ese prejuicio que nos ha venido atormentando desde que entramos a la UNAM: "los que defienden a la universidad son los mismos que queman camiones". Menudo problema este pues, como atinadamente comentas, se puede llegar a la peligrosa petición de que se actúe represivamente ante mínimos actos de desobediencia civil o crítica al sistema.
Ahora bien, la diatriba de D. Calderón no se encuentra, por falaz, tan lejos de la verdad. Me explico. Si bien toma una posición exagerada, hábilmente desvelada por ti, refleja el sentir de una inmensa mayoría de ciudadanos (informados o no) de que la "intelectualidad mexicana" no piensa, sino que está al servicio de algo más. ¿El problema? La profunda ignorancia y la falta de autocrítica de este sector. Como comentaba Calderón, muchas voces inteligentes se alzaron contra el recorte presupuestal mientras que muy pocas pedían cordura ante las atrocidades comnetidas por la APPO. Paseándome por los pasillos de la facultad no vi en ninguna ocasión una burla, un dejo desarcasmo, una crítica, nada pegado en lasparedes que significara una posición encontrada con las acciones de Flavio Sosa; al contrario, el otrora priísta, perredista, socialdemócrata, esbirro de Murat y el Dr. Simi se convirtió, de la noche a la mañana en el nuevo mesías popular que destruiría las corruptas instituciones burguesas para instaurar "la paz de los usos y costumbres" (sustituto descafeinado de la dictadura del proletariado estalinista).
El problema de la polarización es que impide ver la realidad en toda su extensión y nos la muestra en ridículos matices de rosa o negro. En este México cansino, todos somos víctimas de la polarización. Hemos escuchado a voces inteligentes y críticas aplaudir la barbarie y denostar la cordura; hemos visto a los trogloditas dirigir a nuestros intelectuales.
¿Debemos indignarnos ante los abusos de la PFP en Oaxaca, ante las violaciones de los derechos humanos en Atenco?, siempre. ¿Entonces por qué no indignarnos ante las violaciones a los derechos humanos de la APPO, ante los intereses "oscuros" que persiguen seres como Falvio Sosa e Ignacio del Valle? ¿Somos realmente críticos, por qué entonces los abajofirmantes desconfian de Calderón mientras le confian todo a López Obrador?
Si vimos a los académicos, a los creadores defendiendo el presupuesto para la cultura tan enconadamente, por qué no he visto una sola carta abierta al dirigente legítimo y eterno del STUNAM pidiéndole la democratización del sindicato universitario. Dónde entonces las cartas y protestas y entrevistas contra los aviadores, los investigadores que no investigan, los profesores que te cuentan su vida en clase. Dónde la crítica a los tirajes absurdos de diez mil ejemplares (que sí tira "Lecturas mexicanas"), dónde la carta abierta al bodeguista de la UNAM que corta los libros para venderlos por kilo.
El problema, creo, no es que los intelectuales critiquen; sino que lo hagan siempre incosistentemente, tirando a tontas y locas contra un poder del que supuestamente se defienden, pero al que internamente quieren abrazar.

Un fuerte abrazo. Los mejores deseos para el año que comienza.

Jesús Francisco Conde dijo...

Si bien no tengo el gusto de conocer a David Calderón ni a Héctor Conde, el debate que los dos se han impuesto me parece, por decir lo menos, pertinente. Sin ánimos de pontificar acentuando los errores o aciertos que cualquiera de los dos pudiera tener en sus opiniones o las de mis amigos Rafa y Roberto, hay varios temas que debieran ser objeto de un análisis mayor. (Aunque sin duda este espacio virtual es pequeño, asaz ingenuo).
Se me ocurren algunas cosas.
La autocrítica como universitarios es un deber, no una virtud. Si bien es cierto que pocos la poseen, en mayor o menor grado cada uno de los que transitamos por sus aulas pudimos darnos cuenta de algunos de sus problemas: canibalismo por becas y puntos docentes, apatía política en sus estudiantes (aquí concuerdo con David) y el que me parece el principal de todos: el sindicalismo. Sé que estoy en terrenos de Pero Grullo pero inevitablemente estas tres cuestiones saltan a la vista.
La preparación de nuestros profesores, o al menos de la mayoría, no está a discusión. En lo que sí podríamos ahondar es en la discrecionalidad con la que se otorgan becas, bases, adjuntías pagadas y demás premios; o en la ineficacia de los trabajadores de limpieza considerando que son, para decirlo sutilmente, un chingo; o insistiendo en el tema de los libros, el inoperante departamento de prensa y promoción editorial de la Universidad. Cada uno de ellos representa un problema que, además de todo, cuesta dinero que se podría reasignar a áreas que realmente lo necesitasen. Aquí es donde debe caber la reflexión como universitarios. Y es cierto que el presupuesto asignado al rubro educación es simplemente risible. Y aquí entra la apatía de muchos de nosotros como estudiantes o recientes profesionistas. La educación, en todos sus niveles, es el punto axial de cualquier sociedad. Para honrar al lugar común "Ser cultos para ser libres" dijo Martí. Y se tiene que luchar por un presupuesto, si no justo, por lo menos suficiente. Así la formación integral que un individuo tiene derecho a recibir a lo largo de todas sus etapas estará cerca de concretarse. Y si tuviera el derecho de proponer algo sería el de decidir o proponer la apertura de un espacio autocrítico, fuera de cualquier etiqueta ideológica, aunque fuera, llanamente, un espacio personal.
De este modo quisiera encontrar un atisbo de cordura en mis opiniones, fuera de ser "políticamente correcto". ¿Si me indigno del presupuesto es forzoso que me indigne de que en Oaxaca no hubiera clases o de cualquier otra cosa? Por supuesto que se debe tener una documentación amplia de los temas concernmientes a todos pero porqué jugar el papel de "intelectual orgánico". Me parece que el primer asunto en el cual uno debe reparar es en su realidad inmediata, y así enfrentar la cotidianidad colectiva con un poco más de valor.