viernes, junio 22, 2007

Poemas perdidos I

Pequeña selección de poemas olvidados, perdidos y desechados. (La lectura de hoy me dejó un poco entristecido).



I

Para Leopoldo Lezama

La música de los árboles que es la música de su crecimiento

Corazón de árbol cansado
crecimiento interior,

crecen y sus ramas van moviéndose hacia el cielo,



II
(Eliminado del Libro del silencio)

Hubo un momento en que resonó la voz viva: la voz del cuerpo de la amada, absolutamente presente . Hubo un momento en que cantó el cuerpo, y desde entonces lo estuvimos buscando. Cómo decir que de repente estabas tú, sonriendo, entre la tierra desnuda y vestida de niebla. Hoy no sabemos tocarnos. Somos como niños que aprenden a decir cosas enormes. Te quiero acariciar para decirte que te amo, y siento que te estoy haciendo daño. Nos escapamos de la muerte en el camión escolar al que los dos subimos. Llegamos a un hotel barato a la mitad de la noche. Y de repente estábamos juntos sin saber por qué. Habitamos un instante este momento precioso. Te pregunto quién eres, pues no quiero hacerte daño. Y hoy, al tocarte, comprendo que el Misterio nos habita. Y ser el árbol escondido que aprende a crecer al interior. Te pregunto quién eres porque te amo. Quiero aprender el silencio, y a habitar en compañía. Aprendo lentamente a desnudarme, y a quedarme desnudo cuando estoy contigo. Y entonces aprendo a ser feliz. Hoy sólo queda confiar, confiar como un árbol.



III

el nombre de la encina
es un canto de sol y de sombra.



IV
(De Violencia sin sonido)
(Un poemario de la prepa)


ésta es una flor, ¿recuerdas?
tu piel estaba tan fría, tan blanca.
había un silencio de plomo negro extendiéndose,
llenando nuestras venas, nuestros brazos.
La piel estaba fría, terriblemente; tenías una sonrisa estúpida en los labios
y una foto del Ché, colgada, encima del ataúd.
Ésta es una flor, ¿recuerdas?
Tu dirías mudo que sí,
y yo te abrazaría despacio;
había una belleza lenta corriendo por entre el cuarto,
una luz tenue irradiando de tu cuerpo,
de tu silencio,
de tu traje blanco.
No decías nada. No abrías los ojos. No gritabas
a la luz tallada de la funeraria, bailábamos, abrazados.

Tenías una sonrisa estúpida en los labios.



V
(De Violencia sin sonido)

Supongo que estás esperando, con tus tatuajes de centauro eterno, anidados en tus venas
tocando la flauta, sentado.
Así te recordaba ayer
tenías la piel quebrada por el pasar de los desengaños,
y habías aprendido a hablarle a los animales,
como el Sup.
súbitamente estabas viejo, y yo estaba solo, y nos mirábamos necios y, sabes, no tenía nada qué decirte.
y había una canción sin nombre resonando a veces por tu piel de centauro,
por la muerte lenta que era el despertarse a veces,
el no recordar nada, el mirarse solo, con las manos nudosas, cantando,
A veces había una manera horrible de quedarse quieto,
una violencia sin sonido brillando necia en nuestro espacio cotidiano,
a veces había una terrible forma de cantar.
estabas desengañado. estabas viejo. amargo enamorado
y habías aprendido a hablarle a los animales,
como el Sup.



VI

sauce sin nombre, abandonado a su secreto.



VII
(De Violencia sin sonido)

Eres un minotauro con sus cuernos
Eres el pasar de un esperar tan lento, eres una habitación vacía, eres un cuervo
eres un baile sordo, un arlequín saltante, un recuento de máscaras, un tatuaje de luz
Te espero en el cuarto limpio, y el amanecer sigue, y no pasa absolutamente nada,
Sólo la música que vibra, levantando la carne de nuestros cuerpos,
el cielo amanece.

5 comentarios:

Sandunga dijo...

me gusta el título: violencia sin sonido. Es como más abrupta la imagen de un golpe que no escuha. en especial ese último poema, el que dice eres una habitación vacía. no hay que explicar a qué nos recuerda el poema, sólo siento el gusto de la imagen.
y el árbol que parece estar en todas partes. serán los mismos de todos los poemas? me gusta pensar que sí.
abrazos

EL PÁVIDO NÁVIDO dijo...

¿por qué entristecido rafa? si estuvo muy contento todo.

Rafael Mondragón dijo...

Sandunga: Abrazos para ti también. Esos poemas de Violencia sin sonido respiran juventud: los hice en la semana que siguió a la muerte de mi papá, cuando tenía 17 años. Hasta sale el Subcomandante Marcos y todo (¡qué tiempos!)...

Luisito: Pues porque me trajo muchos recuerdos, y esos recuerdos me pusieron un poco triste. ¿Tú cómo te sentiste?

J. Roberto Cruz-Arzabal dijo...

Mi querido Rafa, muy bueos poemas. Me encantó el I, dedicado a Leopoldo, muy, gamonediano, o muy valentiano, no sé.
Los otros son devastadores, enfrertarnos a la muerte es un estruendo bello y encandilante. Poemas íntimamente universales.

Un abrazo

Rafael Mondragón dijo...

Gracias por el comentario, Roberto. Los poemas sobre la muerte de mi papá no los había visto desde hacía mucho (supongo que hace bien regresar a ellos, y sacarlos, aunque sea en el blog). El del árbol, dedicado a Leopoldo, es parte de ese grupo grande de cosas que todos escribimos (ése, recientemente), pero al final tiramos a la basura por exceso autocriticón. Estoy leyendo ahorita mismo el texto sobre Hugo Sánchez que pusiste en tu blog, y muriéndome de la risa (¡está muy bueno!). ¿Cuándo nos enseñas tus poemas? Te mando un abrazo fuerte.