miércoles, diciembre 13, 2006

Walter Brueggemann: poesía, imaginación y profecía

Quizá algunos de ustedes conocen la obra del norteamericano Walter Brueggemann (o Bruggemann), que es, en mi opinión, uno de los teólogos más interesantes de los últimos tiempos. The Prophetic Imagination (ca. 1975, la edición actualizada salió apenas en 2001), el libro que le valió el reconocimiento internacional, formula por primera vez su hipótesis de trabajo: la Revelación del Dios cristiano (en quien Bruggemann cree) no trata sólo de ciertos contenidos ‘abstractos’ y objetivos, sino sobre todo es la apertura de un horizonte de imaginación, a partir del cual los hombres pueden pensarse a sí mismos; pensar su presente y su futuro (un poco a la manera del principio-esperanza en Bloch o de lo mesiánico en Benjamin): la entrada de lo Divino en la historia humana es la inauguración de nuevas formas de imaginar e imaginarnos, de inventarnos a nosotros mismos, de darle sentido a nuestra vida cotidiana y --sobre todo-- de abrir maneras que ayuden a cambiar esa vida, ese mundo (y sí…, es más sofisticado, y anterior cronológicamente, al planteamiento de Harold Bloom en Shakespeare o la invención de lo humano). Así que no hay contradicción entre el carácter absoluto de la Revelación y la historicidad polémica de sus distintos testimonios. La historia humana es, como en Vico (y en nuestro Lezama), una historia de las imaginaciones, del Ser que se inventa a sí mismo en la historia.

The Prophetic Imagination trataba, precisamente, de la imaginación profética: en breves pero densas páginas, Brueggemann mostraba que ese nuevo modo de imaginación podía ser caracterizado a partir del recurso a ciertos tópicos, estilos y figuras retóricas; que todo ese material lingüístico era la fuente primaria para analizar ciertos modos de conciencia y de percepción que se contraponían históricamente (un poco como en el método materialista)… Y así nuestro teólogo ofrecía un método muy sugestivo para transitar del análisis filológico y lingüístico, al histórico, y finalmente al filosófico-teológico. Aún si no creemos en Dios (yo sí creo), este aspecto de la metodología me parece muy importante, porque se trata de un modelo que permite integrar distintas disciplinas en un discurso que busca, no sólo conocer la realidad de la que habla, sino ayudar a transformar la que vivimos.

Porque Bruggemann es, no sólo el biblista más conocido en los Estados Unidos (y uno de los más reconocidos); es también una persona con la mirada atenta en el mundo de hoy, un teólogo militante. Mucha gente se enojaba (y aún se enoja) porque los libros de Bruggemann están escritos en un estilo engañosamente sencillo. Esto tiene que ver con el ministerio y la práctica de la proclamación, tan importante en el carisma de nuestros hermanos protestantes: no debe haber contradicción entre la escritura erudita y la facilidad del estilo, pues si estamos hablando de cosas importantes (y la teología es la más importante, para ellos) es necesario que todos las entendamos. Podemos ver una analogía con nuestra teología de la liberación: del primer libro de Gustavo Gutiérrez a obras actuales, como Ecología de Leonardo Boff, ha habido un cambio fundamental: el discurso filosófico-teológico es cada vez más rico y más complejo: Heiddegger dialoga con la física cuántica, las matemáticas, las ciencias sociales, así como el budismo con el cristianismo; pero la actitud también ha cambiado: el acento está ahora puesto en hacer un discurso cada vez más claro, y con las tintas cargadas hacia el lado esperanzador, pues la teoría tiene como función alumbrar la realidad de las comunidades que están luchando por cambiar las cosas.

***

He decidido traducir algunos artículos de este teólogo para compartirlos con ustedes. Aquí abajo les traduzco un pequeño testimonio de Dixon, un amigo norteamericano que en octubre de 2004 asistió a una plática teológica con Bruggemann. Es una buena manera, muy cálida, de acercarse al pensamiento de este hombre tan polémico. Pueden ver aquí la entrada original en inglés, para confrontarla con mi traducción. Lo que viene entre corchetes es de Dixon mismo, y los números remiten a mis propios comentarios, en notas al pie. Cuando me he encontrado con cosas que no se pueden traducir sin perder matices importantes, indico entre corchetes y en cursivas la palabra original, como se acostumbra en traducciones de este tipo. Ojalá les guste, espero subir algún otro artículo en los días que siguen.

Una última anotación de traductor. Creo que la obra de Bruggemann adolece de los mismos defectos que las de otros teólogos cristianos (y también judíos y musulmanes) que están comprometidos con la cuestión social pero no cuestionan su lugar como teólogos; al leer tesis como las números 7, 9, 10 y 14, abajo, uno siente la tentación de traducir los verbos indicativos como subjuntivos: cambiar el es por el podría ser, el trata por el puede tratar. El problema de postular una teología crítica es que muchas veces se concluye, sin querer, que es la teología la que fundamenta todas las posibilidades de teorizar críticamente. ¿Qué pasa con la gente que trabaja desde otros ámbitos del saber, académicos o no? ¿Qué pasa con los no creyentes que de cualquier manera trabajan, teóricamente o no, en la construcción de un mundo mejor para todos? ¿Y qué pasa, finalmente, con el diálogo interreligioso? Son todas estas preguntas que siguen resonando en el mundo de hoy. Así que decidí dejar el texto como está, con todas sus ambigüedades, con sus verbos indicativos y su vocabulario problemático (Antiguo Testamento y no Tanakh o Biblia judía).


***

Sobre Walter Bruggemann

Por Dixon. Fuente original aquí.

El mes pasado asistí a una conversación teológica con Walter Bruggemann, quien es un teólogo "post-liberal"; podría decirse que está en el mismo bote que Richard Foster y Dallas Willard, con la salvedad de que --como dice mi amigo Thomas-- Bruggemann está en la orilla izquierda del bote.

Pasamos un momento fabuloso, e intelectualmente provocativo. Brueggemann comenzó lanzando diecinueve tesis (o cosas sobre las que está pensando). Las siguientes cosas, entre otras, fueron algunas de las que más se me pegaron:

Las diecinueve tesis de Bruggemann

  1. Todo mundo vive a través de una codificación [script].
  2. Somos codificados por medio del crecimiento normal y por la socialización.
  3. La codificación dominante de nuestra sociedad es la del consumismo-militarista-tecnológico- terapéutico.
  4. Esta codificación nos promete seguridad y felicidad.
  5. Esta codificación ha fallado.
  6. La salud de nuestra sociedad depende de nuestra capacidad de salir de esta codificación, pero nos resistimos a ello.[1]
  7. El ministerio [cristiano] debe decodificar esta codificación dominante [esta es su tarea].
  8. Esta tarea se realiza a través de codificaciones alternativas, o en la fundamentación de una contra-imaginación.
  9. Esta codificación alternativa se funda en la Escritura y tradición de la Iglesia.
  10. Esta codificación alternativa trata del Dios Uno-y-Trino.
  11. Esta codificación alternativa no es monolítica, total, ni está completa, sino que más bien se trata de una colección hecha jirones [rag-tag], dislocada, que apunta, en su conjunto, hacia un Dios escondido.
  12. Esta codificación fragmentada no puede ser domesticada o suavizada (ni siquiera por teologos/as sistemáticos).[2]
  13. Esta codificación invita a los adherentes a sus textos para que debatan unos con otros.
  14. El bautismo es la entrada a esta codificación alternativa.
  15. La obra del ministerio consiste en el crecimiento/socialización de esta codificación alternativa.
  16. La mayoría de nosotros somos ambiguos sobre esta codificación alternativa. Es decir, que en verdad queremos ambas codificaciones, y vacilamos entre ellas.
  17. Este espacio de ambivalencia entre codificaciones es el campo de batalla del Espíritu.
  18. El ministerio es gestor de esta ambivalencia.
  19. La obra del ministerio es necesaria porque nadie más dentro de la iglesia (y la sinagoga) tiene voluntad (y capacidad) para entrar a este campo abierto de ambivalencias.
“El evangelio no trata de certezas. Trata de fidelidad. No existe suficiente certidumbre en este mundo como para hacernos felices”.

Esto tiene que ver con que la certidumbre es una categoría epistemológica, mientras que la fidelidad es una categoría relacional. El evangelio trata, más que nada, sobre un cierto tipo de relación.

“Dios es un practicante de violencia que se está recuperando”.

Brueggemann dice esto refiriéndose a la violencia en el Antiguo Testamento. Con ello quiere decir que Dios antes pensaba que el uso de violencia era buena idea, pero que luego decidió dejarla. Sin embargo, como todos los adictos, ha tenido recaídas. De entre las cuales, la Cruz es, o bien la liberación final, o bien una recaída más.

“El Sabbath es antídoto de la ansiedad”.

Una de las cosas que aprendí es que Bruggemann sobreentiende las cosas de manera intencionada, para de ese modo inducir a la gente a que piense. Y, ciertamente, funcionó conmigo.

Realmente me pareció que la idea de desarrollar una codificación alternativa era, al tiempo, una idea muy emocionante y tremendamente retadora. Sobre aquello del “practicante de violencia que se está recuperando” no sé aún qué pensar.

[Párrafo eliminado, donde Dixon platica brevemente del concierto de REM al que acababa de ir]

Shalom,

Dixon



Notas del traductor

[1] [Por supuesto, uno piensa en La construcción social de la realidad, y también en el Freud de El malestar en la cultura].

[2] [Se refiere primariamente a los teólogos que hacen teología sistemática, no a los que trabajan sistemáticamente, pero la ambigüedad está allí, y por eso la conservé en español].

Se pueden leer algunos excelentes artículos de Brueggemann aquí. La plática a la que asistió Dixon puede escucharse en MP3 aquí. Allí encontrarán la formalización, más 'académica', de lo que dijo el teólogo; los invito a confrontarla con el testimonio de Dixon, que (según creo) supo leer bien en el fuego blanco detrás del fuego negro de la letra de B.

4 comentarios:

eduardodegortari dijo...

Pues muy interesante, creo que es todo lo que se me ocurre en este momento. Ya está tu poema en el blog de devrayativa.blogspot.com. Ahora que lo he estado revisando me parece muy bueno. Saludos

Anónimo dijo...

saludos, te invito a visitar mi blog, un día de estos, cuando tenga tiempo haré un post sobre vos.

http://luciaborjas.blogspot.com

te avisaré cuando haga el post, nunca entendí el por qué de tantas cosas.

Saludos a vuestra madre y a vuestra novia!

José Luis dijo...

muchas gracias por los aportes sobre Walter Brueggemann. ¿cómo y donde conseguir el libro la imaginación profética en castellano? ¿es posible bajarlo de internet?
gracias por ayudarme...

Rafael Mondragón dijo...

Hola, José Luis. La imaginación profética fue editada en español hace algún tiempo por Sal Terrae, pero no se reimprimió, así que es difícil de conseguir. Además, la versión en español está hecha sobre la primera edición, no tiene los cambios incorporados a la segunda. Yo por eso preferí conseguir el libro en inglés, que me salió barato (fue más caro el envío a México...). Pero si googleas a Bruegemann te puedes encontrar varios escritos suyos para bajar. Te mando un saludo cordial.