jueves, marzo 15, 2007

...El amor, como la muerte

Hace algunos meses, me propusieron que escribiera el texto de entrada al catálogo del Festival de México en el Centro Histórico. Lo que entregué es el texto que van a leer a continuación. Al final mi ensayito ya no se publicó, por una de esas malas pasadas que de repente nos da el mundo; pero se los regalo aquí, con permiso del Festival, para invitarlos a conocer la programación y para compartirles algunas reflexiones sobre el arte de nuestro tiempo.

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...El amor, como la muerte
Rafael Mondragón

Dice Alfonso Reyes: “el hombre es un ser que habla del tiempo”. Leemos la voz muda y respondemos que sí, mudamente. Pasamos la mano sobre un viejo grabado: la primera pareja corre desnuda, perseguida por la espada de fuego del ángel; en una orilla, y casi sin ser visto, un esqueleto corre también al lado de ambos; trae en sus brazos un instrumento musical, el mismo con el que tocará, a partir de ese momento, la danza que durará todos los siglos, la danza que hermana a todos los hijos de la primera pareja, sean hombres o mujeres, ricos o pobres. Es la danza de la muerte y el inicio de la historia humana. El hombre es un ser que habla del tiempo, y en esa medida es también uno que habla de la muerte. “La vida humana es un río” dice, en su silencio, la estatua cansada de Marco Aurelio. Es el espejo donde nos contemplamos para descubrir nuestra fragilidad, nuestra belleza. Cargamos dentro de nosotros nuestra propia muerte, como huésped, que va creciendo mientras nosotros vivimos. Nos burlamos de ella en los cuentos populares donde el campesino inteligente la engaña y logra, dichoso, vivir para siempre; nos enseña a reír en las calaveras mexicanas y en las fiestas de Día de Muertos; contemplamos su risa desdentada en las danzas de la muerte europeas, donde la calaca nos enseña a reconocer nuestra finitud, a ser humildes y dejar de pecar; la encontramos, sorpresivamente, en un verso del Cantar de los cantares que por siglos le rompió el corazón a generaciones de intérpretes, judíos y cristianos: “porque es fuerte el amor, como la muerte”. No que el amor sea más fuerte de la muerte, sino que ambos tienen el mismo poder. ¿Por qué?

Y en ese enigma se congregan las voces y las tradiciones que nos enseñan a vivir la muerte propia y la del otro; y la muerte se convierte en metáfora para preguntar por el misterio gozoso que habita en el interior de nosotros: late como mariposa en los poemas místicos de John Donne y de Arseni Tarkovsky (¡y también en The Guests, de Leonard Cohen!), que retratan la entrada a una casa de luz donde todos comen como hermanos, bañados por una luz constante y rodeados de una música constante; es la puerta de la transfiguración en La Pasión según San Mateo, que se presentará en nuestro Festival en una espléndida puesta. En pocos momentos de la historia se ha atrevido una religión a mostrar la fragilidad del Dios omnipotente como en los relatos de la Pasión desarrollados magistralmente en los Evangelios: gracias a la encarnación, lo más frágil del ser humano queda redimido del pecado original; en Cristo, el cuerpo sufriente del hombre muestra su profunda naturaleza divina. Por eso, la Pasión ha inspirado, a lo largo de los siglos, una cantidad ingente de obras musicales, literarias y gráficas, pues en ella, como decía Lezama, se muestra toda una manera de imaginar y de vivir que sigue siendo la nuestra. Y a Lezama le gustaba explicar esto con una frase de Tertuliano: “Es creíble porque es increíble: el hijo de Dios murió. Es cierto porque es imposible: y después de muerto resucitó”. En estas frases hay encerrado algo mucho más importante que el mero dogma religioso, por lo menos en mi opinión: hay toda una manera de concebir al hombre, de imaginar la realidad; una ética y una erótica, y un arte de vida. Regresar, de cuando en cuando, a obras fundamentales como La Pasión según san Mateo, tiene que ver con la educación del espíritu en una manera de ver el mundo, de apreciar la belleza de la vida, y su fragilidad y dignidad… Un regreso renovado es el que hoy nos promete Martin Haselböck, ese extraordinario organista y director especializado en la ejecución “de época”, con sus instrumentos antiguos, su diferente afinación y tempo: un regreso, con ojos renovados, a cierta gran obra que expresa una metáfora fundamental de nuestra cultura: la de la muerte como transformación.

Es la misma metáfora que inspiró la música de La consagración de la Primavera, al principio un experimento de vanguardia que buscaba las raíces del alma rusa a través de un regreso a los orígenes (los ritos paganos donde el sacrificio voluntario de una mujer permiten el renacimiento de la vida); y hoy, en nuestro Festival, la excusa que permite a Tero Saarinen y Shen Wei hablar de la vida contemporánea e inquirir por las relaciones entre música, danza y pintura. Pero en ellos hay algo que ya los distingue de la gran obra de Bach: Stravinsky fue pionero de ese místico regreso a las tradiciones y vivencias olvidadas, “paganas”, que más tarde inspiraron el teatro de Artaud y las películas de Jodorowsky: aunque inequívocamente cristiana, la metáfora de La consagración de la Primavera hunde también sus raíces en una experiencia vital y orgánica, donde la muerte no tiene el gesto riguroso del siglo cristiano: aquí, por el contrario, el tiempo del mundo es cíclico, como el tiempo de las cosechas, y es necesario morir para que nazca la nueva vida (¡alegría!). Y es que el nuestro es un nuevo tiempo, más plural y más libre en su búsqueda del sentido. Las delicadas coreografías de Shen Wei y Teero Saarinen ahondan en ese camino abierto por la generación de Stravinsky: regresan al arte popular, a la estética de los medios masivos de comunicación, pero también acuden a la estética oriental y de tantos otros pueblos que, hasta hace relativamente poco (un siglo, más o menos), eran considerados ‘incapaces de hacer arte’. Pues el hombre es un ser que habla de la muerte en la medida que es un ser que habla del tiempo −nuestro tiempo−.

México y Suiza se dan la mano en un proyecto de intercambio artístico llamado Más allá del más acá. El espíritu de Stravinsky resuena en estos intrépidos proyectos donde el arte contemporáneo se da la mano con las tradiciones populares, tan distintas, de nuestros dos países, en un bosque de voces hoy reunidas alrededor del tema de la muerte. En Tante Hänsi, ópera de Mela Meierhans, el canto tirolés funerario se enhebra con proyecciones multimedia; en el centro, el testimonio estremecedor de una mujer que cuenta las tradiciones de su región alrededor de la muerte, con anécdotas aparentemente nimias sobre muertes de niños, velorios y abortos, todos los rostros de la muerte vivida en un pueblo pequeño que hoy conserva los pocos restos de una riquísima tradición suiza, casi olvidada por el fragor de la vida citadina y del capitalismo. Un mambo con la Catrina, de Cordelia Dvorak, explora la gozosa tradición mexicana del Día de Muertos de la mano de un José Guadalupe Posada que, huyendo de la muerte, llega hasta el México de hoy. En nuestro país hay un género literario llamado calavera donde, con motivo del Día de Muertos, hacemos versos satíricos sobre los poseedores de fama, riqueza y poder, súbitamente ridiculizados por la llegada de la Muerte, que a todos iguala. Un mambo con la Catrina está formado por “calaveras escénicas”, y elabora, a su propio modo, este encuentro artístico entre tradición y contemporaneidad. Finalmente, dos bandas campesinas, de México y Suiza, recorrerán nuestra ciudad en un concierto público a dos voces para interpretar juntos música fúnebre, y de bodas y fiestas, marchas y bailes.

La muerte es metáfora de nuestra vida: es el espejo que nos permite ver lo que de otra manera sería insoportable. Por primera vez viene hoy a México un grupo fuera de lo común: The Tiger Lillies, trío londinense que define su música como “cabaret punk brechtiano” (por Bertolt Brecht), y canta canciones amargas y dulces, llenas de profunda ironía, donde se narra la vida del Londres más profundo, el más incómodo: el de las prostitutas, ladrones y vendedores de droga, todo con un sentido del humor agudo que impide que caigamos en la conmiseración, y con una actitud misericordiosa que habría enorgullecido a Baudelaire (quien, por cierto, era profundamente cristiano). Este grupo, a quien les encanta burlarse de todo, ha tenido cuidado en decir que no quieren que se crea que ellos son inmorales: “tenemos un profundo respeto por el hombre”. Y es que la sátira, aun la más ácida, está siempre movida, en el fondo, por un sentido moral. Y en la última producción de Peter Brook, la muerte de un hombre se convierte en la oportunidad para hablar del racismo, del dominio del hombre por el hombre y la búsqueda de los oprimidos por re-crear su humanidad, su identidad. Hoy, el gran director franco-londinense nos trae Siszwe Banzi est mort, la obra que lo marcó cuando era joven: una obra escrita durante el apartheid y representada en las calles de Sudáfrica de manera ilegal; un diálogo entre dos negros muy pobres, un fotógrafo que busca reconstruir la memoria de momentos efímeros pero felices, y un joven que no ha conseguido trabajo y que, ante el hallazgo de un cadáver, se encuentra con la posibilidad de robar sus papeles para acceder al tan deseado trabajo… A costa de perder su nombre, la historia de sus padres, su lengua materna; en suma, su identidad. Siszwe Banzi est mort sigue resonando en el mundo de hoy. Peter Brook trabaja sobre este eco para darnos una versión viva, que recupera las técnicas del teatro clandestino sudafricano con la mirada puesta en nuestro presente tan doloroso.

“Porque es fuerte el amor, como la muerte”. Como el bosque de voces congregadas alrededor de aquella cita de Alfonso Reyes, las voces de este Festival hablan de la muerte porque hablan del tiempo: nuestro tiempo.

8 comentarios:

Patricia dijo...

No siempre nos podemos encontrar físicamente, como la noche de ayer, pero afortunadamente puedo visitarte en tu blogg. Confieso que aprovecho la posibilidad de poder dejar un comentario por que no puedo escribir en mi porpio blogg (no funciona,¡maldita sea!).

Me conmueve la cita del Cantar de los cantares y tu glosa: “'porque es fuerte el amor, como la muerte' [...] ambos tienen el mismo poder". Tú sabes que el enigma se expresa en forma de paradoja y por eso nos rompe el corazón y nos desgarra los ojos en lágrimas: todo habita en su contrario (si lo sabré yo que soy géminis ascendente gáminis). Para muestra salgamos del ámbito de la mística y escuchemos la conjunción psicoanálítica de Eros y Tánatos, el principio de placer y el principio de muerte.

Vayamos más allá de usar el orgasmo como ejemplo (la pequeña muerte). Pensemos en el uso desmedido de los estimulantes, las drogas "recreativas", como el alcohol. Pienso en el efecto de la intoxicación etílica, pero sobre todo en las adicciones, cualquiera, todas. Después de ceder comienza un descenso vertiginoso.

Creo que eso le pasó a la hija de Démeter. Perséfone quiso ceder a la tentación y descender todos los años, seis meses, a compartir el lecho con Hades. Perséfone adicta a Hades. El amor es la muerte. Esta doncella no fue señalada, pero su sacrificio, ¿será?, (el descenso) produce el otoño y el invierno. Su regreso, ¿su sacrificio?, provoca la primavera. Perséfone está entre nosotros. Todos somos una mujer cuya inmolación permite el renacimiento de la vida.

Por último, es interesante el uso del espejo como metáfora de la muerte: "nos contemplamos para descubrir nuestra fragilidad, nuestra belleza"; y de la vida: "nos permite ver lo que de otra manera sería insoportable".

Recuerda que el espejo es un tópico para hablar del arte. En este sentido, si vemos el arte como un espejo (uno más complejo de lo que supone la teoría del reflejo) te propongo que del mismo modo pienses las manifestaciones artísticas: nos devuelven nuestra fragilidad y belleza,y nos permiten atisbar lo que de otro modo sería insoportable. ¿El escudo de Perseo?

Samia dijo...

..."Porque es fuerte el amor, como la muerte"...

...Tal vez sea tanto en el amor como en la muerte, donde uno se abandona así mismo. Je, tal vez por eso "La petite mort" de los franceses...

Pero no me hagas mucho caso, que
yo soy de las que "polvo serán, más polvo enamorado"...

¡Un abrazo muy grande Rafa! Gracias por tus letras que, por lo menos para mí, son un paraje de reflexión y calidez humana...

P.D. Es una lástima que me haya perdido la pasión de San Mateo. (Snif, snif) pero tengo muchísimas ganas de ver la puesta que nos comentaste de Peter Brook, "Sizwe Banzi está muerto". Ya visité el link del festival y todavía hay oportunidad de asistir a ella!!=)

Un abrazo enorme, espero que estés muy muy bien.

P.D.2. Es una lástima también que no se haya publicado este texto, es muy bueno...

Gaby.S

Patricia dijo...

¿Oye no dejé un comentario el domingo pasado?

saludos

Patricia dijo...

Sospecho que algo hice mal y mi súper comentario se ha perdido...sniff

Anónimo dijo...

Me gusta tu percepción de la muerte, como un espejo frente al cual la humanidad descubre, yo diría recuerda, su fragilidad, su finitud... Yo, tengo que reconocerlo, tengo una ligera tanatofobia, para mí no hay nada más terrible que la muerte, no existe dolor más grande ni más profundo que el de perder a un ser amado, tiene poco que leí Las intermitencias de las muerte de Saramago, tuve que reconocer de mala gana que la muerte es necesaria, irónicamente forma parte de la vida, mantiene un equilibrio, un orden... Aún así, cuando muere alguien, no puedo evitar sentirme aquélla niña de cinco años que por primera vez interrogaba a su abuelo sobre la muerte... Cambiando de tema, tu ensayo me pareció muy bueno, me despertaste un interés muy grande por el Festival, en especial por Siszwe Banzi est mort y Un mambo con la Catrina, obras que definitivamente tengo que ver.
PS: Soy estudiante de Letras Hispánicas, me gusta mucho la forma en la que escribes y me gustaría, si no estas demasiado ocupado, que leyeras un cuento que acabó de escribir, no es muy bueno, tengo que reconocerlo, pero quisiera que me dieras tu opinión y me dijeras cuáles son mis errores y cuáles mis aciertos… Bueno, si puedes contestarme te dejo mi mail: noctis_18@hotmail.com

Nancy

Rafael Mondragón dijo...

Patty: Tu comentario si salió bien, lo que pasa es que el foro de comentarios está moderado y yo no había tenido tiempo de entrar para aprobarlos (je). Ya sabes que mientras tu blog no funcione eres bien venida aquí para escribir lo que quieras ;)

Me encanta tu uso del espejo de Perseo como metáfora. Yo también la había pensado como buena metáfora para pensar al arte. Hay que darle vueltas a eso...

Rafael Mondragón dijo...

Gaby, Nancy: Yo también voy a ir a lo de Peter Brook, el lunes, junto con Margit (mi jefa). Ahí nos veremos, a lo mejor. El viernes y el sábado voy con Florecita (mi novia) a los conciertos de Hermeto Pascoal y de música japonesa para koto y shakuhachi. Nancy, claro que leo tus cuentos, aunque no sé qué tanto te pueda decir si están bien o mal (yo también estoy empezando). Yo te escribo. Qué bueno que les gustaron los textos.

Patricia dijo...

¡Mi comentario sí está! Que bueno que coincidimos en lo de Perseo. A mí me hipnoptizan los mitos griegos desde la infancia. El mito de Perseo y la Gorgóna era uno que releía gustosa. Justo Platón fue de los primeros en hablar del arte como espejo. Los espejos son seductores por devolvernos nuestra imagen, sino ahí está Narciso. Pero no es la imagen que los otros seres humanos tienen de nosotros. ¡Qué interesante!
Te agradezco que me des hospedaje en tu blogg, pero ojalá pronto me ayudes a entrar al mío por que hay tanto que decir. ¡En fin!
Igual nos vemos mañana en lo de Raquel enla flm.