miércoles, abril 17, 2013

De cómo se creó la idea nociva de que los buenos filósofos deben escribir terriblemente


Todo el que tenga amigos que han estudiado la carrera de filosofía sabrán de ese vicio académico que demasiadas veces lleva a condenar a la gente que escribe bien ("si le entienden, lo que dice seguramente es poco filosófico"). La cosa ha hecho mucho daño entre los estudiosos del pensamiento filosófico latinoamericano, pues nuestros filósofos tienen la mala fortuna de ser, también, buenos escritores. Yo mismo, como profesor, he visto una y otra vez el vergonzoso espectáculo de estudiantes míos que se empeñen en escribir mal, como si sus textos fueran malas traducciones del alemán. Lo más vergonzoso es que parecen creer que, con ello, sus textos ganarán en profundidad.

Y menciono la lengua alemana porque voces autorizadas del pasado le echaban la culpa de todo esto a los alemanes. O, al menos, ésa era la opinión de Schelling:

"Los alemanes se habían limitado a filosofar exclusivamente entre ellos durante tanto tiempo que poco a poco se estaban alejando cada vez más, en pensamientos y palabras, de lo que generalmente (no sólo acaso en Alemania) era inteligible, y el grado de ese alejamiento casi se convirtió finalmente en el criterio para distinguir la maestría filosófica. Apenas necesitamos aducir ejemplos. Como las familias que se alejan del trato común, viven sólo entre sí, y finalmente adoptan, aparte de otros idiotismos repelentes, también expresiones propias que nada más entienden entre ellos, así les había ocurrido a los alemanes con respecto a la filosofía, y cuanto más desistieron de hacerse inteligibles a los demás pueblos, tras algunos fallidos intentos de divulgar la filosofía kantiana fuera de Alemania, tanto más consideraron la filosofía como algo que existía exclusivamente para ellos, sin pensar que la intención original y, aunque a menudo no se consiga, irrenunciable de toda filosofía se dirige precisamente a la comunicación universal".


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